De
un tiempo a esta parte las grandes noticias del ámbito cofrade han tenido como
base sonados estrenos, especialmente en el aspecto inmobiliario, mas asimismo
tristes repercusiones en torno a cuestiones internas en las que asuntos
personales -y a su vez tan superficiales si los comparamos con el trascendental
cometido de nuestras hermandades sobre la sociedad- tales cuales la túnica con
la que ha de estacionar una imagen o quién debe ostentar la responsabilidad de
un paso cobraron un exagerado protagonismo.
Ante
esta situación surge una noticia frente a la que más de uno, basado siempre en
una superficialidad estética, se habrá llevado las manos a la cabeza, sin
pensar que tras toda ésta superficialidad estética y a su vez maravillosa,
porque nace de nuestra propia fe, existe un fondo, un fondo al que únicamente
llegan aquellos a los que verdaderamente les quema en las entrañas su espíritu
de servicio; a los que, por encima de cualquier estética por muy cofradiera que
sea, está esa misión evangelizadora que cualquier devoto digno de
autodenominarse cofrade nunca debe abandonar.
Los
cofrades de la Cena han entendido el mensaje. Plantean sacrificar su propia
estética, unos magníficos altares, un templo grandioso donde los cultos encuentran
su marco perfecto, un sacerdote de indiscutible carisma, un barrio con
categoría y solera, y sobre todo una historia que se hace presente en cada
instante de la vida de hermandad... Todo ello por un solo motivo: el trabajo
pastoral.
Existen
precedentes en hermandades como la de Nuestra Señora del Amor y Sacrificio y,
más recientemente, en la del Santísimo Cristo del Perdón, pero nunca una
hermandad cambio tanto por nada. Y digo nada porque allí, en Puertas del Sur,
punto de mira de los cofrades de la Cena, habría que empezar de cero pues no
cuentan ni con terrenos para levantar un templo.
Sin
embargo, la fuerza de la fe y la confianza en el Espíritu Santo hicieron
posible proyectos más impensables. Los cofrades de la Cena, con toda seguridad,
no estarían solos, todo un colectivo espera su evangelización. Los cofrades de
la Cena abrirían el horizonte, su proyecto es ilusionante como ilusionante es
todo aquello que suponga llegar a donde se necesite.
Nuestro
obispo reitera con firmeza que la nuestra es Diócesis Misionera, los cofrades
de la Cena lo saben y pueden dar ejemplo de servicio a una lglesia en la que
nacieron para ser instrumento de evangelización.
Evidentemente
no será igual de bello la contemplación del soberbio paso de palio de la Virgen
la Paz desde el patio del palacio de doña Petra de la Riva que desde el
aparcamiento del hipermercado Continente, pero la experiencia habría merecido
la pena porque tras esa larga estación de penitencia, habrá no sólo una labor
meritoria sino también una impronta que ojalá sirva de precedente.
Vosotros,
cofrades, con vuestra decisión valiente, instituiríais de nuevo el sacramento
de la Eucaristía, vuestro Cristo levantará, entre nuevas avenidas, ese cáliz que no entiende de épocas ni
modernidades, y como dice el canto sacramental, "Dios estará allí, venid
adoradores y adoremos a Cristo Redentor". La marcha eucarística, vuestra
propia marcha, se habrá hecho entonces, por decisión de unos cofrades,
verdadera marcha Triunfal.
(Artículo publicado en el suplemento "El cofrade" de Jerez Información el 11 de enero de 1998. La Hermandad de la Sagrada Cena no se trasladó a las Puertas del Sur pero se creó una nueva parroquia, la de San Juan Grande y Ntra. Sra de la Candelaria, erigiéndose ayer, con sede en esta parroquia, la nueva Hermandad del Cristo de la Sed. Su vuelta desde la catedral, donde tuvo lugar la ceremonia de erección como Hermandad junto con la del Señor de la Salud establecida también en la zona sur de Jerez, supuso una auténtica marcha triunfal).
Jerez desde la zona sur |
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