domingo, 7 de agosto de 2016

RINCÓN MALILLO


 
 


El Rincón Malillo es un conjunto cautivador de callejuelas en el casco antiguo jerezano. A espaldas del Palacio de Riquelme, su fama se debe a las diferentes leyendas medievales que sobre él se transmiten.

Cuenta la leyenda que un caballero jerezano, Luis de Montoro en algunas versiones, Alvaro de Mendoza y Virués en otra, con fama de jugador, espadachín y bebedor, tras haber dejado en el suelo a una de sus víctimas de sus duelos, tuvo la osadía de retar al mismo diablo. En el momento de haber clamado el reto, sintió una fuerte punzada en su brazo derecho, apareciéndole una enorme herida sangrante. Huyó con horror a su casa en la calle Justicia, a través de la Plaza del Mercado. Para paliar sus miedos y calmar su remordimiento, en su casa y en dirección al Rincón Malillo, mandó poner una cruz de hierro forjado. Cuentan que desde entonces pasó horas encerrado en su casa y comenzó a ser conocido por los vecinos como El Enjaulado. Tras su muerte, muchos años después, la herida de aquella noche seguía sin cicatrizar y aquellas callejuelas parecían que quedaban selladas por la maldición.

Dejando a un lado lo que es pura leyenda la historia nos dice que ya en 1589 se cita esta nomenclatura callejera en los autos de Reducción de Hospitales y Misericordia, siendo de presumir que se le pusiera este nombre por su especial forma de varias encrucijadas que harían peligroso su tránsito por la noche. Una configuración que, a su vez, le hace ser uno de los rincones más pintorescos y castizos no sólo del barrio de San Mateo sino también de todo el casco histórico.

Este bello enclave ha vuelto a ser noticia estos días, uno de los cascos bodegueros de la calle volvió a protagonizar  un derrumbe parcial tres años después de que ya se produjera un hecho similar. En esta ocasión, y al igual que se hizo entonces, se ha optado por colocar unas vallas para impedir el paso de los viandantes y tratar de evitar males mayores. Otro episodio más de cuantos vienen sucediendo en nuestro maltratado casco histórico y que además se le ha sumado el hecho luctuoso de la muerte de un indigente en una de las fincas abandonadas de la calle San Honorio. Lo que viene a mostrar la situación tan alarmante a la que está llegando el casco antiguo de la ciudad. La ruina, la dejadez y el abandono es la nota dominante de todo un entramado de calles que, por su antigüedad, trazado y tipismo, podría ser, si, de una vez por todas, se tomara cartas en el asunto, uno de los grandes reclamos turísticos de Jerez.

Y mientras tanto muchas promesas pero pocas actuaciones, muchos planes integrales que no se desarrollan y plataformas que parecen gritar en el desierto. Lo que fue un rincón malillo se ha extendido a todo un espacio urbano histórico y ahora lo malo es el estado de un barrio completo que se muere como ese hombre que la vida le llevó al extremo de tener que buscar cobijo entre ruinas de un barrio tan abandonado como él, sufriendo la misma indiferencia y la misma soledad del que se muere sin que nadie haga nada por salvarlo. La leyenda diría que la maldición sigue y todo es obra del propio diablo que aún no se ha marchado del Rincón Malillo.
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ  el pasado domingo 24 de julio de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
El Rincón Malillo en una imagen del ayer
 

 

 

jueves, 28 de julio de 2016

CENTENARIO DE ORTEGA BRU


 
 


Con motivo de cumplirse este año el centenario del nacimiento del escultor-imaginero Luis Ortega Bru, la Hermandad sevillana de Santa Marta acaba de anunciar los actos conmemorativos que han organizado para el próximo mes de septiembre. A estos actos se ha invitado de una forma especial a la familia del ilustre artista, así como a las Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla cuyas imágenes o misterios titulares salieron de su inspirada gubia. Los actos se desarrollaran en dos jornadas, jueves 29 y viernes 30 de septiembre, siendo la primera dedicada a las Hermandades de Sevilla con obras de Ortega Bru, y la segunda a la obra del escultor sanroqueño en la Hermandad de Santa Marta.

Hace unos años la Editorial Tartessos editó una antológica monografía en dos volúmenes de este reconocido artista analizando su proceloso recorrido vital y catalogando todo su virtuosismo estético en más de 625 obras documentadas; tanto su extraordinaria obra religiosa y procesional como su aún desconocida en muchos casos obra escultórica profana, figurativa e informalista que conecta con los movimientos vanguardistas coetáneos, además de numerosos bocetos, dibujos y una sorprendente pintura. Según se especifica en esta monografía la impronta artística del genio gaditano, a fuerza de otras encontradas opiniones, no siguió las tradiciones sevillanas, aunque las conociese y procediese sobre éstas al inicio de su actividad.

 Luis Ortega Bru no fue tampoco un imaginero neobarroco sino un artista, escultor, en el amplio sentido del término, y pintor, mucho más complejo, inmerso en las vanguardias de un modo muy peculiar, personal y arriesgado, y sujeto a un desarrollo formal y estético de distinta naturaleza, con un alcance muy superior, basado en el talento personal y la fuerza expresiva. Su delgada figura es pura experiencia vital trasladada al genio de sus creaciones, con un lenguaje expresionista que significaban una sublimación del dolor silencioso que le desgarraba interiormente. Fue un revolucionario de la imaginería procesional, con un diálogo personal y rupturista en su extensa producción artística, siempre muy consciente de su capacidad creativa unida a su condición autodidacta y renovadora. De actitud humanista y soñadora ante la vida y sus circunstancias, le llevó a una modernización del lenguaje escultórico en sus imágenes de Semana Santa y otras civiles a las que relacionó con atrevidas tendencias figurativas del arte europeo de su época, sin perder su esencia comunicativa ni con las formas de la tradición barroca.

Para Luis Ortega León, hijo de Luis Ortega Bru, la  obra favorita de toda la amplia producción de su padre, dentro de la imaginería de misterios que son de talla completa es, sin duda, el misterio del Descendimiento de Jerez de la Frontera. Posteriormente, como imágenes de vestir, también realizaría para nuestra ciudad el Señor de la Sagrada Cena y parte del apostolado, así como varias obras menores tanto para instituciones como para particulares. No hay que olvidar que estuvo instalado en Jerez entre los años 1968 y 1972 para ejercer como profesor de modelado.

Es, por tanto,  esta efeméride de su nacimiento una buena ocasión para organizar, también en nuestra ciudad, algún acto que sirva para profundizar en la obra de este artista único y genial.
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 17 de julio de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Año 1959. Luis Ortega Bru recibe la felicitación del Arzobispo de Madrid el día de la presentación en la capital de España del misterio del Sagrado Descendimiento para la Hermandad de la Soledad de Jerez de la Frontera.
 

 

 

 

miércoles, 6 de julio de 2016

DON FERMÍN


 
 
 
         Iniciamos el mes de julio y con él nos llegan las fiestas de San Fermín, ese santo que según la tradición fue el primer obispo de Pamplona, aunque su culto no consta documentalmente hasta el siglo XII, importado de Amiens. Actualmente es co-patrón de Navarra junto a San Francisco Javier y patrón de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos. De entre las personalidades que han llevado por nombre el del santo pamplonica nos llega muy de cerca  el de Fermín Aranda y Fernández-Caballero nacido en nuestra ciudad en 1866, por lo que en este año se cumple el siglo y medio del nacimiento de este afamado médico cirujano, político republicano y bodeguero español.

Don Fermín, como era conocido por todos sus contemporáneos, inició sus estudios de medicina en Cádiz para acabarlos en Sevilla, donde se licencia en 1890. Para ampliar su formación viaja a varias ciudades europeas, entre ellas París. De vuelta a su ciudad natal abre su propio gabinete en 1893 y más tarde contrae matrimonio, en 1899, con María del Pilar Latorre Nieto con la que tiene tres hijos: Fermín, José y Pilar. Ese mismo año ingresa en el cuerpo facultativo del Hospital de Santa Isabel de Hungría de Jerez, responsabilidad que ejercerá hasta su jubilación en 1945.[]

Pero no solo se conmemora en este año de 2016 el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de tan ilustre jerezano sino también el centenario de un hecho que le hizo alcanzar fama nacional, la exitosa operación de urgencia, suturando corazón y pulmón de un joven herido por arma blanca en 1916.  Según nos narra el destacado historiador local Antonio Mariscal Trujillo en su libro “Jerezanos para la historia”, aquella operación, que ahora se cumple todo un siglo, supuso un hito en la historia de la cirugía vascular en España, nada menos que una operación a corazón abierto. La gravísima herida había interesado al pericardio peligrando la vida del muchacho. Con los precarios medios de su época y el riesgo extremo, en la misma Casa de Socorro de la calle Arcos, el Dr. Fermín Aranda lo intervino eficazmente salvándole de la muerte segura. Aquel éxito quirúrgico tuvo repercusión en todo el país, haciéndose eco las principales publicaciones médicas de España, lo que le valió al cirujano la concesión del título de Hijo Predilecto de Jerez y la nomenclatura de su nombre para la calle Medina.

Posteriormente, en 1926, y a petición de los profesionales de la sanidad de toda España, el Dr. Aranda fue distinguido con la Medalla al Mérito del Trabajo, que recibió de manos del presidente del directorio, Miguel Primo de Rivera. No en balde se llegaron a contabilizar en 1920 hasta nueve mil operaciones llevadas a cabo por este eminente cirujano solo en el Hospital de Santa Isabel.

Siendo un hombre de convicción republicana su actividad como político le llevaría a ser incluido en la lista del Partido Republicano Radical por la provincia de Cádiz, saliendo elegido como diputado a Cortes en junio de 1931. Aranda fallecería en Jerez el 1 de mayo de 1946, valorado y respetado por el bando vencedor gracias al prestigio de su persona.

 Sirvan estas líneas de homenaje y recuerdo a tan insigne jerezano en el ciento cincuenta aniversario de su nacimiento y en el centenario de aquel gesto que quedó marcado para siempre en la historia de la medicina.
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 3 de julio de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 

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sábado, 2 de julio de 2016

INGLATERRA Y JEREZ




Esteban Ruiz Ballesteros, Doctor en Antropología y profesor de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en su trabajo ''Ingleses, minería y cultura. Un ensayo a contracorriente” menciona, como no podía ser menos hablando de influencia inglesa, a Jerez. En Jerez de la Frontera lo británico ha estado siempre presente en la propia calle, y aún hoy lo sigue estando: carteles y nombres sobre los muros de las bodegas, las etiquetas de las botellas, la denominación de los tipos de vino (cream, pale cream), la propia cultura ecuestre, la anglofilia estética, algún que otro vocablo de uso habitual, incluso una traducción admitida del nombre de su vino -sherry- que se utiliza habitualmente para un sin fin de objetivos; todo ello es una muestra de la presencia viva de lo británico. La mayoría de las familias locales con intereses vinateros terminaron emparentando con británicos, en una suerte de alianza entre productores y comercializadores que terminó revolucionando la producción vinatera.

Recientemente con motivo del 400 aniversario del escritor inglés Shakespeare, el académico y experto en el estudio de nuestros vinos José Luis Jiménez pronunció una conferencia en la bodega Williams & Humbert titulada “El Jerez en tiempos de Shakespeare”, aportando como referencia los documentos que se guardan en el Archivo Municipal de Jerez, donde se conservan entre sus protocolos notariales de los siglos XV y XVI documentos de transacciones comerciales de nuestros vinos con ciudades como Plymouth, Bristol, en Inglaterra, o Galway, en Irlanda;  sirviendo de intermediarios comerciantes extranjeros de las  Islas Británicas  instalados en Jerez. Sin olvidar, claro está, que en 1587 Francis Drake abastecería a las tabernas de Inglaterra con las 2.900 botas de jerez capturadas en el puerto de Cádiz. No cabe duda alguna, por tanto, que sin el papel histórico de lo británico en la ciudad y en el vino hoy Jerez no podría ser lo que es.

            Motivo por el cual el referéndum celebrado el pasado jueves dando como resultado la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), nos toca muy de cerca, no solo históricamente sino también por ser Reino Unido uno de los grandes importadores de los vinos del Marco. El secretario general de COAG-Cádiz, Miguel Pérez, ha dejado claro que el denominado Brexit “no es bueno ni para el vino de Jerez ni para la agricultura”, ya que los acuerdos que regulan las relaciones comerciales entre los países de la UE dejarán de tener validez. Es probable que los aficionados británicos a nuestros vinos de Rioja, Jerez, etc., busquen ahora alternativas entre los productos de países miembros de la antigua Commonwealth, como Australia y Sudáfrica. Se calcula que los precios de vinos españoles (y franceses, italianos, etc.) puedan registrar aumentos de precio de hasta el 32% como consecuencia del 'Brexit', aunque podría haber acuerdos entre la UE y Gran Bretaña para rebajar esta cifra. Pero negociar este tipo de acuerdo tardaría varios años, y mientras tanto, los productores españoles perderían su cuota de mercado.

Estudios recientes afirman que a mediados del siglo XVIII los grandes empresarios ingleses llegaron prácticamente sin capital. Fue el gran potencial de la zona y la pericia británica en líneas de comercialización las que supusieron el despegue del sector. Los vinos se criaron según los gustos británicos, sustituyendo a los mostos y vinos en claro, y se creó una nueva regulación. A ver qué pasa ahora.
 
(Artículo que publiqué el pasado domingo 26 de junio de 2016 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
Ilustración de una revista londinense donde podemos ver la zona de la Puerta de Rota de Jerez y las bodegas de Domecq.
 

sábado, 25 de junio de 2016

VILLAPANÉS




El 23 de agosto del año 1700 el rey Carlos II otorgaba el título nobiliario de marqués de Villapanés a favor de Juan Lorenzo Panés y Condan, un cargador de Indias de origen genovés, nacido en Cádiz en 1671 que contrajo matrimonio con la sevillana Micaela María Viganego y Alemán. Su hijo Tomás heredó el marquesado de Villapanés y casó con Petronila Pavón de Fuentes y Verdugo, hija de los marqueses de Casa Pavón.  Este matrimonio se estableció en Jerez donde nace Miguel Andrés Panés y Pavón, III marqués de Villapanés. Petronila Pavón quedó pronto viuda y es ella quien inicia la construcción del palacio de la calle Empedrada ampliado después hacia la Cruz Vieja. Su hijo Miguel Andrés Panés y Pavón, casó tres veces y sólo de su segunda mujer Ana González de Quijano y Vizarrón tuvo descendencia. Miguel María Panés y González de Quijano, IV marqués de Villapanés, nacido en Jerez n 1751, siendo muy conocido por ser un hombre con ideología y obras propias de la corriente de la Ilustración.

Miguel María Panés no solo se encargó de finalizar su suntuoso palacio, en el que los ricos mármoles se mezclaban con los artísticos frescos de techos y paredes, las barrocas yeserías con trabajados artesonados, los valiosos cuadros con admirable mobiliario y los elegantes carruajes con los exquisitos olores a vinos de sus propias bodegas, sino que lo llenó todo de ambiente culto y selecto, principalmente, por esa impresionante biblioteca de más de once mil volúmenes que llenaban estantes de caoba adornados con pilastras jónicas y que abría todos los días al público. En su época el palacio de Villapanés era un foco indiscutible del pensamiento ilustrado, prueba de ello era su presidencia de la Sociedad Económica de Amigo del País, aquellas asociaciones surgidas en la segunda mitad del siglo XVIII cuya finalidad era difundir las nuevas ideas y conocimientos científicos y técnicos de la Ilustración.

A la muerte del marqués de Villapanés en 1828 todo el esplendor se apagó, el palacio quedó deshabitado y su esplendida biblioteca se la tragó el Mediterráneo al naufragar el barco que la transportaba por sus herederos a Génova. Llegaron los años de decadencia, de pasar de palacio a casa de vecinos o a casa cuartel de la Guardia Civil, de discutibles restauraciones en una parte de la misma y de desolación y destrucción en la zona de la calle Empedrada. Volvió la actividad cultural de la mano de la Universidad San Pablo-CEU al espacio restaurado mientras el olvido seguía haciendo estragos en las dependencias más nobles del palacio. Ahora, tras un tiempo sin actividad, el Ayuntamiento anuncia que Villapanés acogerá la sede de Fundarte, la nueva fundación que gestionará el Teatro Villamarta, además de poder llevar a cabo en sus instalaciones todo lo que son cursos de formación, exposiciones, presentaciones de libros, e incluso estará disponible para los particulares que quieran alquilar salas. Una interesante iniciativa que volverá a darle al palacio de Villapanés esa función cultural que tanto quiso para él el último marqués que lo habitó, aunque siga siendo una contradicción que mientras en un lado se potencie la educación y la cultura justamente detrás, en la otra parte del palacio, la historia y el arte se den la mano con el más lamentable de los abandonos.
 
(Artículo que publiqué el pasado domingo 19 de junio de 2016 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
El palacio de Villapanés en los años que pasó a ser casa de vecinos.
 
     

 

jueves, 16 de junio de 2016

CUANDO UNA BODEGA SE VA




En enero de 2007 la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía inició el trámite para incluir a 23 cascos de bodegas (unos 90.000 metros cuadrados) de la localidad gaditana de El Puerto de Santa María en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con la intención de blindar estos edificios de la voracidad inmobiliaria. Se trataba de antiguos cascos bodegueros situados en el centro urbano, en la mayoría de los casos sin uso vinícola, sobre los que los propietarios habían recibido ofertas de empresas constructoras para ejecutar derribos, negociar con el Ayuntamiento la recalificación de terrenos y construir viviendas.

"No sólo queremos proteger las bodegas, sino también su entorno urbano, en los casos en que quede reconocido el valor patrimonial y arquitectónico", afirmó la entonces delegada de Cultura, Dolores Caballero.

Esta semana hemos sido testigos del último episodio de derribos bodegueros en nuestra ciudad. La centenaria "bodega Cream Sack", que perteneciera a la firma Williams & Humbert, ubicada en la calle Paúl, es ya historia. Sus muros, sus altos pilares, sus arcos de medio punto y toda su majestuosidad de antigua catedral del vino ha ido desapareciendo entre golpes de grúa y una polvareda que envolvía toda esta destrucción de un edificio que, como tantos otros, formaron parte de la identidad de una ciudad que se nos marcha sin poder hacer nada para evitarlo. Un casco bodeguero enmarcado entre la sede del Consejo Regulador y la Sala Paúl, otro conjunto arquitectónico que corrió mejor suerte y hoy permanece restaurado para usos municipales. Un entorno urbano que aquí en Jerez no ha tenido la misma suerte que en nuestra vecina ciudad de El Puerto de Santa María donde unos ciudadanos se movilizaron para parar lo que ellos consideraban que era intocable porque formaba parte del alma de la propia ciudad.

El otro día cuando veía caer, desde las alturas, aquellos arcos sobre las piedras destrozadas de los pilares que los habían sostenido, mientras la piqueta demoledora seguía destruyendo más de siglo y medio de parte de la historia de Jerez, me acordé de tantas piedras caídas en los últimos años por el propio suicidio de la ciudad, innumerables cascos bodegueros, claustros conventuales, suntuosos palacios, históricos templos, patrimonio monumental que sucumbió al ataque de la modernidad mal entendida y a unos nuevos tiempos que se llevaron para adelante parte de nuestro riqueza patrimonial y que, con este último derribo, aún parece que no tiene fin.

Cuando, en esta capital mundial del vino, una bodega centenaria se nos va se nos marcha parte de nuestra propia historia y queda un espacio vacío que no se puede volver a llenar. Solo queda, como en la canción de Alberto Cortez,  un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río.

 Cuando una bodega se va una estrella se ha perdido la que ilumina el lugar donde hay un mosto dormido. Cuando una bodega se va se detienen los caminos y se empieza a revelar el duende manso del vino. Cuando una bodega se va queda un terreno baldío que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío. Cuando una bodega se va se queda un árbol caído que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido. Cuando una bodega se nos va algo nuestro se nos ha ido.
             (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 12 de junio de 2016)


Vista aérea de la avenida Álcalde Álvaro Domecq. En parte inferior derecha la calle Paúl y todo el conjunto bodeguero que ha ido desapareciendo en los últimos años,

sábado, 11 de junio de 2016

LOS ULTIMOS DE FILIPINAS


 


          El asedio de Baler (30 de junio de 1898 - 2 de junio de 1899) es la defensa  de la última posición española en Las Filipinas. Durante casi un año,  54 soldados españoles  resistieron el ataque  de 400 soldados tagalos desde el interior de la pequeña iglesia de Baler. Después de 337 días, el teniente Saturnino Martín Cerezo y sus compañeros, salieron de la iglesia, harapientos con los máuser enmohecidos, sin municiones, muchos desdentados, pero salieron con honor de la iglesia que les había protegido durante 337 días,  desfilando con marcialidad de cuatro en fondo orgullosos y con la cabeza bien levantada, recibiendo los honores de las tropas zagalas.
 

          Cuentan los historiadores que durante el asedio, Cirilo Gómez Ortiz, al mando de las tropas sitiadoras, hizo gala de caballerosidad para conseguir la rendición del destacamento sitiado y les ofreció una tregua hasta la caída de la noche, enviando una cajetilla de tabaco para el capitán y un pitillo para cada soldado. Los españoles aceptaron la suspensión de hostilidades, que sería la única en todo el asedio, e informaron a Ortiz de que tenían abundantes provisiones, regalándole a su vez una botella de Jerez.
 

          Puede que desde entonces los filipinos tengan predilección por el Jerez y que por ello, al cabo de los años, sigan interesándose por los caldos jerezanos hasta el punto de que, de un tiempo a esta parte, estamos viendo como los filipinos están realizando importantes inversiones en nuestra tierra. Esta pasada semana nos ha llegado la noticia de que un magnate filipino acaba de salvar a la bodega Garvey. Esa misma bodega que otro extranjero William Garvey, aristócrata irlandés del condado de Waterdorf, fundara en 1,780 y el cual consiguió en corto espacio de tiempo, hacer de Garvey una de las principales bodegas de Jerez.
 
 
          Se dice que la oferta de Lucio Tan, que es como se llama este filipino, ha llegado en un momento crítico en el que Garvey parecía abocada a la liquidación. Según se informa la oferta presentada por el magnate filipino por la unidad productiva oscila entre los 20 y los 25 millones de euros, subrayando la dificultad que ha entrañado la negociación, iniciada hace meses, por lo disperso de la propiedad de los activos de Garvey. Esto se une a la reciente compra por el grupo filipino Emperador de las marcas Fundador, Harveys, Terry y Tres Cepas, así como las plantas de producción de Jerez y de Tomelloso, que se cerraron en una operación al contado valorada en 275 millones de euros. A lo que se le suma la venta, hace unos años, de Bodegas San Bruno, brandy de González Byass, al grupo filipino Emperador Distiller, reforzando así el liderazgo mundial de Filipinas en producción de brandy.
 

          El sitio de Baler es la gesta de un pequeño grupo de españoles, los últimos de Filipinas, que apagaba definitivamente  un Imperio de 400 años en América. El imperio terminó y la cultura, la lengua, el derecho, la religión y la tradición actual de los países americanos de hoy, mucho tienen que ver con las de aquellos que durante 4 siglos defendieron con esfuerzo y sangre el Imperio Español en América. El Jerez también se resiste y todas estas inversiones que nos están llegando vienen, sin duda, a mantener el imperio de la marca Jerez para que no se apague como se apagó el Imperio Español con los últimos de Filipinas.
 
 
           (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 5 de junio de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ).
 
 
William Garvey fundador de la afamada bodega jerezana que lleva su apellido.