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sábado, 23 de marzo de 2019

LA CIUDAD DE SANTANDER





Cantabria ha sido noticia este pasado mes de febrero por la virulencia con la que el fuego ha azotado sus bosques. Unos 50 incendios forestales intencionados en el 99% de los casos, que ha causado enormes efectos devastadores en una de las comunidades más favorecidas por la naturaleza.

Cantabria es una de las regiones más bellas de España. “La provincia de Santander”, como antes se llamaba y reconocía, también denominada “La Montaña”, está generosamente presente en la historia, en la literatura, en el arte y en el concepto de la españolidad. Los cántabros intentaron probar suerte en las Américas y otros quedaron en Andalucía, varios llegaron a Jerez de la Frontera y aquí se establecieron, montando diversos comercios. Uno de los que se abrieron en Jerez hacía honor a la capital cántabra y marcó una época del esplendor comercial de nuestra céntrica calle Larga.  Se llamaba “La ciudad de Santander” y cuando la juguetería Álvarez aún no había cautivado a cientos de niños en la calle Doña Blanca “La ciudad de Santander” era toda una tentación para la chiquillería que paseaba de mano de sus padres y abuelos por la principal vía jerezana. Allí, junto a sus amplios escaparates, había una especie de casapuerta con vitrinas donde se exponían soldados de plomo, junto a otros muñecos como indios y  personajes del oeste americano, e incluso toreros con sus cuadrillas, picadores y plazas de toros incluidas.

En el año 1910 el cántabro Agustín Saiz del Corral llega a Jerez, era natural de Cabezón de la Sal, un pintoresco pueblo de donde llegaron otros montañeses, al igual que de la vecina localidad Bárcena Mayor, uno de los pueblos más bonitos de España. Una vez afincado Agustín en la ciudad arrienda dos fincas en la calle Larga, entonces denominada Duque de Almodóvar, concretamente las correspondientes a los número 5 y 7, y le da el nombre de “La ciudad de Santander”. Su actividad se centraba inicialmente en el negocio de la mercería y contaba con dos eficaces empleados Manuel Álvarez y Antonio Fernández. Con el paso del tiempo, y al no contar con herederos su propietario, le ofrece el negocio a estos empleados que, tras las oportunas negociones, lo adquieren, manteniendo el nombre “La ciudad de Santander” bajo la firma comercial “Álvarez y Fernández, sociedad regular colectiva”. En la década de los sesenta, la llamada década prodigiosa y de los planes de desarrollo, el negocio se había ampliado con la venta de artículos de regalo, de viajes, complementos, bazar, perfumería y, en especial, esa juguetería que hacía las delicias de los niños de entonces. Posteriormente entrarían también en el negocio los familiares de Manuel y Antonio, como Manuel, Ricardo, Diego e Isabel Álvarez hijos de Manuel o Gonzalo Fernández, nieto de Antonio, también dependientes como Juanito Cuevas, popular entre la clientela.

Aquella emblemática tienda de la calle Larga, por la que pasaron varias generaciones de jerezanos, como tantas otras pertenecientes a esos comercios tradicionales hoy perdidos, sufrió los efectos de la crisis y tuvo que sucumbir a los nuevos tiempos. Hace unos días me enteré del fallecimiento, a edad avanzada, de Diego Álvarez, uno de los últimos protagonistas de  “La ciudad de Santander”, la que formó parte de la historia de nuestra ciudad y donde, en lugar mágico, una casapuerta, los niños de entonces se nos iluminaban los ojos de juegos infantiles. 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 17 de marzo de 2019 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Personal de "La ciudad de Santander"
     

jueves, 1 de noviembre de 2018

CALLE CONSISTORIO


 


La calle Consistorio de Jerez, de un tiempo a esta parte, es el lugar donde más protestas por metro cuadrado se realizan al año en la ciudad. La última, esta misma semana, protagonizada por más de 300 agentes que secundando la protesta de Jusapol, la asociación integrada por policías nacionales y guardias civiles, han reclamado su equiparación salarial.

Las puertas del Ayuntamiento, en la calle Consistorio, se ha convertido en una prolongación del salón de plenos para acoger a cuantos ciudadanos desean que se le escuche en sus reivindicaciones. Una calle histórica que compite últimamente en cuanto a establecimientos hosteleros se refiere y que, de vez en cuando, se ve en la tesitura de compatibilizar su actividad con toda ese ruido y algarabía que supone esas manifestaciones reivindicativas.

Indagando en la historia podemos conocer que esta calle es el resultado de la demolición de una manzana que ocupaba su espacio central desde las calles Latorre y Remedios hasta la plaza de la Yerba y que dejaba a cada lado dos estrechos callejones. Uno llamado Empedrada de los jubeteros (lo que nos viene a recordar la tradición jerezana de empedrar sus calles) y otro de la Ropahecha por las tiendas de este artículo que allí habían. El trozo de calle que desembocaba en la plaza del Arenal se denominaba de la Puerta Real, nombre que le puso el rey Alfonso X el Sabio, en 1.264. También llevó los nombres de la Caridad, por estar en ella el Hospital de la Santa Caridad; de Niceto Alcalá Zamora, por el primer presidente de la 2ª República Española y de Calvo Sotelo por el político español. Finalmente volvió a recuperar el nombre de Consistorio, rotulada así en 1.840, año en que se trasladó el Ayuntamiento ó Cabildo viejo, que estaba en la Plaza de Escribanos, al edificio del antiguo Hospital de la Caridad. Hoy la calle Consistorio jerezana es el termómetro donde medir los pro y los contras de la ciudad, donde al igual se llegan a acuerdos municipales, se reivindican derechos, que se imparte cultura desde la sede académica de San Dionisio o se degusta los manjares de esta tierra a la sombra de sus frondosos árboles y antiguas fachadas. En el recuerdo quedan ya aquellos negocios que marcaron épocas como el Café Consistorio, el bar Adeli, la droguería de Quirós o Casa Márquez, y tantos otros que hicieron de la calle Consistorio un lugar lleno de vida comercial.

Mientras en algunos lugares de España hay quienes quieren monopolizar la calle para sus propios intereses independentistas la calle Consistorio jerezana ha demostrado que es de tantos que ya lo es de todos, de todos los que respetando las reglas del juego hacen uso de ella, tanto para reivindicar  como para disfrutar del paseo o de la parada en alguna de sus muchas terrazas que han ido llenando esta antigua entrada al Jerez intramuros por la Puerta Real. La obligación de cualquier Ayuntamiento es escuchar la voz de la calle, para solucionar los problemas en el menor tiempo y de la mejor forma posible. La calle Consistorio jerezana se ha convertido, sin ella pretenderlo, en la vocera de tantos como sienten sus derechos silenciados. Ojalá llegase el día en el que los pitos y las bocinas desaparecieran de las puertas de nuestros Ayuntamientos porque será un buen indicador de que muchos de los problemas colectivos habrán desaparecido.  
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 28 de octubre de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
La calle Consistorio en el pasado.
 
Fotografía del ayer de un grupo de jerezanos en la calle Consistorio, justo en el lugar donde se suelen hacer las manifestaciones de protestas frente al Ayuntamiento.

 
 

 

jueves, 4 de octubre de 2018

BARES EN EL CENTRO




Jorge Ferrari Hardoy (Buenos Aires, 1914-1977). Arquitecto y diseñador argentino, especialista en planeamiento urbanístico y vivienda, define a los centros históricos: “…como todos aquellos asentamientos humanos vivos, fuertemente condicionados por una estructura física proveniente del pasado…”.

El proceso de segregación socio espacial incentivado con el surgimiento de los extrarradios propició que un número importante de habitantes del centro urbano decidieran cambiar su vivienda hacia las nuevas barriadas y urbanizaciones residenciales, optando por rentar sus propiedades ante la presión inmobiliaria que generó el incremento de usos comerciales en la zona centro. Sin embargo este hecho fue experimentando un proceso de deterioro espacial y funcional debido al desplazamiento de los grupos económicamente más poderosos hacia nuevas áreas de crecimiento. El cambio en los patrones de movilidad de la población y la progresiva construcción de áreas comerciales que, estratégicamente localizadas pudieran cubrir las necesidades de la población a fin de que no se trasladara al centro, ha agudizado la problemática de los centros urbanos al verse marginados del consumo de buena parte de la población, llegando a poner su punto de mira en la hostelería de cara a la nueva apuesta por el turismo.

El centro histórico de Jerez es un ejemplo de ello, basta con recorrer un kilómetro a la redonda de la calle Larga, para notar que el corazón de la ciudad ha sido invadido por una enorme cantidad de bares. La proliferación de estos establecimientos ha generado opiniones divididas entre vecinos, los que se quejan de numerosas molestias y, por otra parte, la defensa de quienes lo ven como oferta turística para revitalizar el centro, así como por quienes frecuentan estos lugares en busca del tapeo, entretenimiento, bebida y diversión. Jerez va camino de convertirse en la nueva Granada en este aspecto. Ni una plaza sin terraza, ni una calle sin bar en el centro urbano. En Granada, una ciudad donde la principal actividad económica viene del turismo -que no nutre únicamente a alojamientos y hostelería, sino que también sostiene parte del comercio y del sector cultural y mantiene toda una industria auxiliar-, que abra un nuevo bar o un nuevo restaurante  ya no es noticia. Lo raro es que haya un mes en el que no se aperture un nuevo establecimiento hostelero, sumando nuevas plazas y nuevas opciones a una oferta en la que no falta de nada. Los propios hosteleros afirman que "No es una novedad, lo hemos visto en otros momentos duros. La hostelería ha sido una salida en tiempos complicados", aunque también es verdad que no es oro todo lo que reluce y que la falta de profesionalidad en un negocio tan sacrificado como la hostelería ha hecho que muchos se vayan al traste.

Al igual que ocurre en Granada en Jerez si un local se queda vacío en el centro, y en los últimos años de crisis han sido unos cuantos, hay muchas posibilidades de que acabe siendo un bar, una cafetería o un restaurante. El equipamiento empresarial de Jerez, dependiente del sector servicios, ha sumado en los últimos años, a pesar de la crisis, un buen número de negocios hosteleros. Los bares han venido a dar vida a un centro urbano cada vez más necesitados de incentivos que fomenten la inversión, una apuesta que, si es debidamente regulada, puede ser compatible con el fomento del asentamiento humano tan necesario para que el centro histórico siga vivo. 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 30 de septiembre de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Fotografía del ayer de una calle Larga jerezana poblada de bares.
 

 

lunes, 18 de junio de 2018

ALMACENES TOMAS GARCIA


 

Leíamos en este mismo medio, hace unos días, una información del compañero Paco Aleu sobre el nuevo uso que se le va a dar al edificio de los antiguos Almacenes Tomás García en la calle Lancería. Un original edificio de fachada modernista con cierros de hierro y una magnífica decoración cerámica que da una nota de color a tan céntrica calle. Sobre la historia de esta emblemática y señorial tienda de tejidos que, durante años, formó parte de una época dorada del comercio jerezano, contaba mi amigo Manolo González de la Peña que el padre de su bisabuelo Tomás García, venía a Jerez, desde Soria, con una piara de burros cargados de telas. Hacia toda la Ruta de la Plata. Aquí, en Jerez, tenía un cliente que le dijo que le dejara a su hijo Tomás para que fuera aprendiendo en el negocio de los tejidos. Después de un tiempo, su abuelo Tomás, se buscó un socio bodeguero y se estableció por su cuenta, creando su propio negocio que al principio llamó García y Compañía. Tuvo nueve hijos. Cuatro varones: Raimundo, Tomás, Vicente y José y cinco hembras, Petra, Juana, Ana, Feliciana y Carmen. Raimundo y José, continuaron con el negocio. Al morir Raimundo, joven, fue José el que cogió las riendas de Almacenes Tomás García. Después de fallecer, su hijo José Antonio (Nono) y su hija Fina, estuvieron al frente del negocio hasta que lo traspasaron o vendieron.

Para muchos jerezanos Almacenes Tomás García fue uno de los comercios más prestigiosos y tradicionales de la ciudad. La nobleza de su mobiliario, sus estanterías, mostradores y vitrinas daban empaque a todo el local. Características eran esas sillas siempre dispuestas para acoger a clientes que venían en busca de tejidos de calidad o a esas madres y abuelas que acudían con sus hijas o nietas en busca de Manolo Monroy para asesorarse a la hora de elegir sus trajes de novias.  Arana, Cazalla, Lozano, Guillermo y Armando en la sastrería, Carlos, Alfonso, José María, Francisco de los Reyes fueron algunos de los empleados experimentados y profesionales, de agradable trato y de plena confianza que pasaron por esta casa. Un referente, sin duda, de Almacenes Tomás García fue Manolín González, un empleado histórico, no en balde fue su abuelo Aureliano cuñado de uno de los socios propietarios, el que trajo a su padre en el año 1914, con casi 12 años, a estos almacenes, permaneciendo tras el mostrador hasta pasados los ochenta años..

Ahora este singular edificio que albergó a los Almacenes Tomás García, mantendrán la actividad comercial en sus bajos y sus viviendas pasarán a ser apartamentos turísticos. Los tiempos cambian pero la huella del pasado permanecerá para siempre en el edificio. Estamos retrocediendo en calidad y en la diversidad de tiendas clásicas, dilapidando nuestra memoria y potenciando una imagen urbana vulgar y anodina. Fuimos hace tiempo una ciudad emblemática por acoger un comercio de auténtica categoría, de lo que hoy queda muy poco. Preciosos comercios tradicionales, como lo fue Almacenes Tomás García, bastantes de los cuales  han sido sustituidos por negocios de la globalización. Cada día que pasa es más urgente definir un modelo de comercio para el centro de la ciudad y su casco histórico, estableciendo una política de protección de su patrimonio y promoviendo planes para salvaguardar un tipo de comercio que forman  parte también de la propia identidad de la ciudad.
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 10 de junio de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Don Tomás García (a la izquierda) con sus empleados.
 
Fotografía del ayer de los Almacenes Tomás García.


 
 

 

viernes, 29 de septiembre de 2017

EL PALACIO DE VILLAMARTA


  

 
         Testigo mudo de un pasado esplendoroso, en los medios de nuestra emblemática calle Larga y frente a la evocadora, y ahora cofradiera, plaza del Banco se alza un noble edificio que fuera de los Pérez de Grandallana, linaje al que pertenecieron, entre otros, Domingo, Francisco y Francisco Simón Pérez de Grandallana, todos ilustres marinos jerezanos con grandes gestas al servicio a la nación; así como Francisco Pérez de Grandallana y Angulo al que Fernán Caballero calificó como el poeta castizo, noble, elevado y enérgico como ninguno.

            Descendiente de los Pérez de Grandallana fue Álvaro Dávila y Agreda, Marqués de Villamarta-Dávila que, en 1923, mandó al arquitecto Hernández Rubio restaurar toda la casa-palacio, recuperando elementos renacentistas del siglo XVI y rehaciendo, en el mismo estilo, relieves y motivos decorativos. La casa-palacio volvió a brillar tanto en su fachada blasonada, elegante portada y vistosa crestería, como en su interior, desde el señorial apeadero como en su patio de doble arcada, sus alargadas estancias con techos de artesonados renacentistas, sus ricos terciopelos y sus maderas nobles en toda la decoración. Con recuerdos también de aquel oratorio donde una dolorosa de Astorga recibiera las oraciones de distintas generaciones antes de pasar a la parroquia de San Pedro para, con el tiempo, cautivar a feligreses, devotos y aviadores que la tienen por patrona, siendo el eje fundacional de una cofradía que, cada Viernes Santo, reparte por Jerez aromas de clasicismo y de soledad.

            El palacio de Villamarta fue durante siglos una residencia aristocrática en la que se conjugó su rancia historia con labores administrativas de la ganadería familiar y el servicio a la ciudad de Jerez, donde su propietario, el marqués de Villamarta, ejerció de alcalde, dejando una serie de obras encomiables que hoy quedan como preciado legado de su paso por la alcaldía. Álvaro Dávila y Agreda era hijo de Álvaro Dávila y Pérez de Grandallana (1832-1887), VIII Marqués de Villamarta-Dávila, VIII Marqués de Mirabal y IX Conde de Villafuente Bermeja, caballero gran cruz de la Orden de Isabel la Católica, caballero de la Real Maestranza de Caballería de Ronda y Caballero Veinticuatro de Jerez de la Frontera  y de Doña Francisca de Caracciolo de Ágreda y Balleras, descendiente del Antiguo e Ilustre Solar de Tejada, bisnieta de Don Simón de Ágreda y Martínez de Cabezón, Señor Divisero del Solar de Tejada, próspero comerciante, que junto a su hermano el I Conde de Casa de Ágreda, fundó las Escuelas Gratuitas de San Román de Cameros, villa de la cual eran naturales.

El palacio era un reflejo de todo ese abolengo de siglos que había ido acumulando de padres a hijos. Con el tiempo pasó a manos de la familia Segovia hasta que hace unos años se vendió a la firma textil MANGO para sustituir la impronta y el sabor a linaje antiguo por modernos percheros y mostradores. El viejo portalón, flanqueado por columnas, tantos años cerrado, se abrió entonces de par en par para acoger a un público  más ansiosos de renovar vestuario que de poder admirar la belleza de un edificio ya de por sí bastante singular. Ahora se anuncia el final de esta apuesta comercial por el centro de la firma MANGO y con ello el cierre de nuevo de esta suntuosa casa, el palacio de Villamarta, que, como su propio estilo señala, esperará, con su porte elegante y aristocrático, un nuevo renacimiento.
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 24 de septiembre de 2017 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Año 1924. Fotografía del palacio de Villamarta recién restaurado por el arquitecto Francisco Hernández Rubio.
 
 
 

miércoles, 5 de julio de 2017

LAS ESCALERILLAS




La junta de gobierno local del Ayuntamiento de Jerez ha aprobado la rotulación de las populares escalerillas con el nombre de Joaquín Naranjo Guerrero. Tal como recoge el expediente fue en el  año 1952 cuando Joaquín Naranjo instaló su negocio de prensa y revistas, que hoy regenta su hijo Mario, en su actual ubicación junto al teatro Villamarta, lugar en el que se construyó, tras la inauguración del coliseo jerezano, los dos envíos, bajo cuya mesetilla se situó un pilón. Una vez conseguida la cesión y obtenido los debidos permisos, Joaquín Naranjo limpió el lugar, consolidó y pintó los paramentos y montó su negocio de venta de prensa, popularmente conocido como el de La Escalerilla, el primero y más antiguo de Jerez. Con el nuevo quiosco, la plaza cobró vida, no solo porque desapareció el hedor de la inmundicia del pilón, sino por la afluencia de público que acudía a diario a comprar los periódicos, sobre todo, los domingos y festivos.

En tiempos pasados la diferencia de nivel existente entre la calle Bodegas y la antigua plaza de la Unión, entre el solar del extinto convento de la Vera-Cruz y la manzana de casas que ocupaban casi toda la extensión de lo que es hoy el edificio de Correos, no era más que una cuesta terriza o un pendiente talud, que apenas se atrevían a salvar las caballerías y vehículos de tracción animal que se veían obligados a transitar por la zona. Para mejorar dicho paso y formando parte de un plan de reforma del solar del exconvento de la Vera-Cruz, que se deseaba convertir en un ajardinado paseo, el Ayuntamiento encargó al arquitecto municipal José Esteve y López el correspondiente proyecto y presupuesto económico, que éste redactó  en 1888 y que fue aprobado dos años después. En ese primer proyecto el arquitecto municipal, señor Esteve, ya mostraba la intención de facilitar el paso a la calle Bodegas por medio de dos escalinatas. Los vecinos vieron entonces más conveniente una nueva rampa a fin de facilitar el paso de los carros que portaban las botas que eran llevadas a las bodegas allí existentes y accedían tanto a las cocheras de dicha calle como a la plaza de Abastos. A la vista de este escrito, el Ayuntamiento ordenó un nuevo estudio urbanístico del lugar con la rampa solicitada. El cambio de escalerillas por rampa no fue finalmente aprobado aunque, a punto de iniciarse las obras, se modificó las dos escalinatas por una sola más ancha y frontal a la plaza. Con la construcción del teatro Villamarta, inaugurado en 1928, se vuelve a modificar este espacio urbano, transformando la primitiva escalinata frontal en doble escalerilla que es la que hoy subsiste; si bien, como hemos dicho, tenía en su centro un pilón que siempre estaba seco y lleno de basuras, ubicándose allí el famoso quiosco de Joaquín Naranjo, el quiosco de La Escalerilla como popularmente se conoce, que tanta vida ha dado durante más de sesenta años a la plaza del Villamarta.

Ahora el nombre de Joaquín Naranjo, grande como persona, como jerezano y como conocer de nuestras cosas, quedará para siempre perpetuado en esas escalerillas que formó parte de su vida y de todos los que nos acercábamos a su quiosco en busca de la prensa o de esos cómic y revistas de nuestra infancia que aún hoy, con su recuerdo, nos siguen alegrando la vida.   

            (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 2 de julio de 2017 y al día siguiente en VIVA JEREZ)  


Joaquín Naranjo, en una foto del ayer, despachando la prensa en su  quiosco de La Escalerilla. (Foto Jerezsiempre)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

ZAPATERÍAS


 


No voy a hablar de la herencia que el presidente Zapatero dejó a Rajoy tras su marcha de la Moncloa cuando el nuevo gobierno se enfrentó a los 16.000 millones que había que sanear en Sanidad, 62.000 en el sistema financiero o 20.000 en infraestructuras, porque de toda su herencia al completo ya se encargan los analistas del llamado zapaterismo. Ni de las meteduras de pata del que fuera concejal madrileño de cultura Guillermo Zapata. Ni siquiera de los logros del libertador mexicano Emiliano Zapata. Voy a hablar de algo mucho más simples como son las tiendas de zapatos. Y viene al caso dada la expectación levantada recientemente por el anuncio de que en Jerez se va a instalar una fábrica de zapatos, que ofrecerá un número considerable de puestos de trabajo, cifra que aún está por ver, ya que las informaciones ofrecidas estos días varían considerablemente.

La industria zapatera parece que está de moda, esta misma semana se ha conocido que el emprendedor jerezano Abraham Zambrana, Premio Ciudad de Jerez 2015 a la creación por su marca de calzado, ha inaugurado un establecimiento en la pedanía en la que nació, la Barca de la Florida, y no es extraño comprobar cómo algunos de los locales comerciales que se quedan vacíos se reabren como zapaterías, debido a la gran variedad de calzado existente en la actualidad tanto para hombre como para mujer, incluso por la influencia de la moda unisex.

Desde mediados del siglo XVIII, es decir, desde el principio del período llamado Revolución Industrial, la industria del calzado empieza a consolidarse con el empleo de mano de obra, la numeración del calzado y el montaje de industrias destinadas a la fabricación de zapatos.[] La historia de la zapatería en Jerez viene de antiguo pues ya en el siglo XVI se conoce la constitución de una hermandad profesional de los que se llamaban artistas autores que aglutinaba al gremio de zapateros, fue aprobada el 24 de mayo de 1603, tenía por titulares a los Santos Mártires Crispín y Crispiniano y estaba establecida en la antigua capilla de Ntra. Sra. de Loreto, situada en lo que hoy es la Basílica del Carmen. A principios del siglo XX existían en Jerez varios oficios relacionados con el calzado, desde las alpargaterías a los zapateros a medida o los almacenes de calzado, actuales zapaterías, como la P.U. frente al Gallo Azul, La Elegancia en la calle Corredera, La Realidad en la Lancería, La Iberia en la calle Algarve o El Porvenir en la calle Larga 11 y 13. Hace cincuenta años tiendas de calzado como las de Pedro y Esteban Herrero o Ramón y Vicente Valero, Astorga, Bonanza, Bambino o Ciudad del Betis suministraban de zapatos a todo Jerez, luego llegarían las grandes superficies proliferándose aún más las zapaterías. Señal de que es un negocio que no decae con el tiempo ya que existen evidencias de que desde los orígenes de la humanidad el hombre ya utilizaba pieles de animales y fibras vegetales para proteger sus pies, elaborando cubiertas y sandalias. 

Bienvenida sea, por tanto, esta nueva fábrica de calzado a Jerez que vendrá a dar un paso más en la creación de empleo y riqueza para la ciudad. Cuentan que el trabajo será muy específico y muy técnico así que esperemos que la apuesta tenga éxito y la multinacional encuentre aquí la horma de su zapato.
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 13 de diciembre de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
"LA BOTA DE ORO", clásico negocio jerezano de zapatería perteneciente a la familia Herrero que estaba establecido en la calle Doña Blanca.
 

 

domingo, 14 de febrero de 2016

COMERCIOS DE BARRIO




          Acabaron las Navidades y con ellas las grandes aglomeraciones en las superficies comerciales, los días de colas interminables, de carros y carros llenos para las comidas familiares y para llenar de alegrías la mañana del 6 de enero. Pasaron las fiestas navideñas y, tras estos primeros días de devoluciones y rebajas, llega el tiempo de los comercios de barrio, los del día, los que siempre están cercanos para el desavío, para las compras diarias, para la amistad y la cercanía, incluso para ese “mañana te lo pago” que sale de apuros. Afortunadamente estos comercios de barrio cuentan con una clientela muy leal, fruto de muchos años de experiencia y de presencia entre la vecindad. Precisamente este trato directo y personalizado es uno de los factores que más valoran los clientes a la hora de escoger entre realizar la compra en una tienda de barrio o en un gran supermercado. Hay clientes habituales del comercio de barrio que prefieren acudir a los pequeños ultramarinos porque «me recomiendan qué debo llevarme y qué no, cuáles son los productos de temporada, qué fruta está madura... Por el contrario, en un gran supermercado nadie te aconseja, eres tú la que escoge y no siempre se acierta con la elección».

          Nací en la calle Prieta, en el barrio jerezano de La Albarizuela, donde aún recuerdo comercios de barrio como la farmacia de don Eugenio, la droguería de Lanzarote con Antonio Castro, “El rubio”, siempre tras el mostrador, el mismo que esta semana se ha marchado dando chicotás eternas con su Cristo de la Expiración, su Señor de la Coronación de Espinas y el Divino Nazareno franciscano; el Tabanco del Fino Navero de Bodegas Corrales, el almacén de Cevallos, la carnicería de Campos… comercios que dieron vida a esta calle estrecha, familiar y acogedora. Con tres años me fui a vivir a la calle Valientes, en el barrio de San Pedro. El barrio lo tenía todo, había de todo en especial en la calle Bizcocheros que era un auténtico centro comercial. –donde había panaderías, carnicerías, zapatería, pescadería, prensa y revistas, bares, almacenes, refinos, tiendas de regalos y decoración, de chucherías y caramelos, etcétera-.  Recuerdo cómo se vivían las épocas señaladas del año. El verdadero anuncio de la llegada de la Navidad era el olor de la elaboración de los pestiños que desprendía la pastelería La Holandesa. Algo así como el olor de la manteca colorá de Pepito el Carnicero. Ese olor a pestiños era el prólogo, el anuncio oficial, de la llegada de la Navidad en el barrio de San Pedro. Eso y las cajas de polvorones y roscos La Perla en la puerta del almacén de Domingo Andrades. También en la cesta de Navidad que se rifaba en el almacén de Manolo, esquina Bizcocheros y Valientes. Las mañanas eran, todas, un cúmulo de madres de familia ‘haciendo los mandaos’ en esas pequeñas tiendas llenas de vida y familiaridad. 

          Los barrios y los hábitos de consumo han cambiado, y la fisonomía y tipología del comercio de los mismos se ha transformado al compás de los tiempos. Probablemente se precisen de nuevas recetas para dar solución a nuevos retos que posibiliten la existencias de estos pequeños comercios que fueron, y aún siguen siendo, el soporte y elementos importantes, no solo de su núcleo urbano sino también de la propia identidad de la ciudad. 

          (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 10 de enero de 2016 y al día siguiente en VIVA JEREZ )


La confitería La Holandesa, un emblema durante años del barrio de San Pedro.
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miércoles, 8 de julio de 2015

LA CALLE ALGARVE


 
 
La relación de Jerez con el sur de Portugal viene de la época de la Reconquista cuando Alfonso el Sabio repartió fincas a caballeros del Algarve portugués que le acompañaron en su gesta frente al ejército musulmán. El barrio primitivo del Algarve jerezano debió ser más extenso de la calle que hoy lleva este nombre, añadiéndole incluso las callejuelas adyacentes, ya que en el repartimiento de 1266, se inscriben en él un total de 85 cabezas de familia. Su origen se sitúa en un extremo del casco histórico medieval, localizado intramuros. Dentro de la muralla que rodeaba a la ciudadela, la calle Algarve hacía a su vez frontera con el muro que separaba a la judería jerezana del resto de la ciudad. En esta calle nació el actor y dramaturgo jerezano Antonio Vico y Pintos.

A raíz del auge de la calle Larga como principal calle comercial de la ciudad, la calle Algarve también fue un eje dinámico de comercios, contando esta calle por ejemplo con el primer asentamiento de comerciantes chinos a comienzos del siglo XX.  El recordado Juan de la Plata, en uno de sus ilustrativos artículos, decía que las primeras noticias que se tienen de chinos en Jerez se remontan allá por los años veinte del pasado siglo, especialmente como vendedores ambulantes de corbatas, siendo su lugar de venta en la vía pública, en la confluencia de la calle Algarve con Larga, frente al Gallo Azul. La calle Algarve junto con la calle Remedios, calle Nogales, la plaza del Progreso y la calle Consistorio conforma un encantador conjunto de vías peatonales, salpicada de comercios tradicionales. Concretamente la confluencia con la calle Remedios siempre fue un lugar emblemático. La papelería que perduró hasta hace pocos años en una esquina y en la otra el noble edificio donde estuvo la afamada y prestigiosa Eureka y antes Jesús Vaca, frente a la Concepción, la tienda de Quevedo, formaban un triángulo del comercio más castizo.

          Todo esto se fue perdiendo para dar paso a nuevas tiendas de moda que siguieron dando vida a esta popular y céntrica calle jerezana, pero esta semana nos llegan la noticia de que, una vez más, un comercio del centro de Jerez se marcha para siempre. Tras más de dos décadas anclada en la calle Algarve, en el histórico local de Eureka, Springfield ha sido la última víctima de la clausura de establecimientos en el centro de la ciudad. A pesar de tratarse de una franquicia (grupo Cortefiel) con comercios en 57 países distintos y 883 puntos de venta, la tienda se ha visto obligada a desaparecer. Un cierre que se une al de Suinve, otros de los comercios ya clásicos de la calle Algarve, una muestra más de la metamorfosis que está sufriendo todo el centro de Jerez en cuanto al comercio tradicional se refiere, donde, por otro lado, se ve un auge de la hostelería siguiendo la tendencia que se viene observando en los últimos años en las grandes ciudades españolas.

Son ciclos de la historia que hay que afrontar y que nos traen nuevos tiempos para el centro. Esperemos que la calle Algarve que, por su nombre, nos traslada a la activa región comercial y turística del sur de Portugal, no decaiga en el empeño de seguir, siendo, lo que siempre fue, un enclave comercial de primer orden, con el encanto del Jerez de siempre, porque fórmulas hay para ello.
 
(Artículo que publiqué el pasado domingo 5 de julio de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ) 
Fotografía del ayer de la calle Algarve en la zona que confluye con la calle Remedios.
 
Antigua postal de la calle Algarve, denominada entonces Antonio Vico, con "La Concepción" en primer término.



 
 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

ESCOCIA Y JEREZ


 
 
En el Marco de Jerez, se conoce como bota a un barril o tonel de 600 litros fabricado en roble americano. Estas botas se usan para madurar el vino de Jerez, también llamado «Sherry» en los países anglosajones, de acuerdo a las normas del consejo regulador.

Antiguamente, las botas en las que se exportaba el Jerez a Inglaterra se vendían a productores de whisky de Escocia, que las utilizaban para envejecer el whisky ya que le añade una gran complejidad debido al Jerez que tienen impregnado. Hoy en día todo el Jerez sale ya embotellado, así que los escoceses utilizan las barricas usadas en EE.UU. para el envejecimiento del Bourbon, aunque todavía hay un mercado de «envinado» y exportación de botas desde Jerez a Escocia para envejecer los whiskies de mejor calidad.

Se cree que todo fue una casualidad. En el siglo XVIII los productores de whisky decidieron almacenar su destilado en botas de oloroso de Jerez vacías para burlar un nuevo impuesto del parlamento escocés destinado a financiar el ejército. Por aquel entonces, los vinos de Jerez eran muy populares en Gran Bretaña. Tanto, que convirtieron Jerez de la Frontera en una enorme ciudad-bodega orientada a la exportación. En el siglo XIX las destilerías de scotch empezaron a usar conscientemente las botas que habían contenido vino dulce, ya que descubrieron que aportaban unos matices organolépticos interesantísimos al destilado de malta que ahí se dejaba criar.

ampliar foto            Desde entonces no hay ningún whisky escocés de alta calidad (blended y single malts) que no apueste por botas de roble español previamente envinadas en oloroso de Jerez (normalmente unos dos años).

            Jerez, por tanto, se siente muy unido a Escocia, principalmente por las relaciones comerciales del mundo del vino, de todo ello nos puede hablar mejor José Luis Jiménez y su estudio sobre los personajes del Jerez. Uno de ellos fue Arthur Gordon, con títulos de nobleza en su ascendencia, lo encontramos por primera vez en Jerez en 1754, huido de su patria a causa de las persecuciones religiosas desencadenadas tras la batalla de Culloden, y políticas entre los partidarios de los Estuardo y los Tudor.  Dedicado a negocios diversos de exportación e importación, con halagüeña fortuna, pronto los abandonó para dedicarse por entero al de vinos, adquiriendo en principio diversas bodeguitas de Jerez hasta edificar en 1787 las suyas propias, amplísimas, en la plaza de las Atarazanas. Arthur Gordon dio nuevo rumbo al comercio de vinos, introduciendo innovaciones científicas y prácticas no sólo en los sistemas de elaboración y crianza de los vinos de Jerez, sino en el de la exportación, creando una amplia red de agentes y distribuidores que pronto convirtieron su firma en una de las más potentes.

            Otro fue Kenneth Mackenzie que también era originario de Escocia y que entre 1859 y 1860 se traslada a Jerez donde establece su firma Mackenzie&CºLtd.

Y un personaje singular que muchos recordarán era aquel señor mayor, corpulento y vestido de escocés que nos visitaba todos los años por Feria. Pepe “El escocés”, no se perdía una Feria, en especial la de Sevilla, El Puerto de Santa María y Jerez, donde nada más llegar ya probaba los exquisitos caldos del Marco jerezano y, como las botas que desde aquí se exportaban a su tierra, no paraba hasta llenar su propio barril.

Hoy Pepe “El escocés”, rompedor de fronteras, tras el referéndum celebrado en Escocia, levantará su copa por Europa, por Reino Unido, por Escocia, por Sevilla, El Puerto y  Jerez y por la unidad de todos los pueblos. 
 
(Artículo publicado en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 21 de septiembre de 2014 y al día siguiente en VIVA JEREZ)  
 
Pepe "El escocés" un personaje que era habitual en las Ferias del sur de España.
 

 

 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

ZONA FRANCA


 
El vocablo, franco tiene su origen etimológico en el fráncico Frank que se puede determinar que significa "libre"

Una zona franca en la actualidad es un área geográfica específica que se destina a la industrialización con fines de exportación. Se trata de un espacio del territorio de un Estado nacional donde la legislación aduanera se aplica en forma diferenciada o no se aplica, por lo que las mercancías de origen extranjero pueden ingresar y permanecer o ser transformadas sin estar sujetas al régimen tributario normal. El concepto de zona franca se asocia esencialmente con un lugar físico en el cual se transan mercancías exentas de derechos arancelarios e impuestos.

La idea de las zonas francas se remonta en la historia por más de dos mil años. El comercio y las exportaciones fueron practicados por el imperio romano. Ciudades en el mediterráneo que dependían del comercio para su supervivencia usaron las zonas francas en la edad media.

Aunque con la diferencia que marcan los tiempos, lo de la zona franca no es nuevo en Jerez. La calle Francos de Jerez, tiene esa denominación desde la Reconquista, su origen se sitúa como una de las vértebras principales del urbanismo andalusí de Jerez, ya que comunicaba la Puerta Real y la Puerta de Santiago.

Fue un eje comercial relevante en el que, y de ahí el origen de su nombre, los mercaderes de dicha calle gozaban del privilegio de franquicias e excepciones impositivas. Cuentan los historiadores que fue en este lugar donde en el año 1310, por privilegio de Alonso el Sabio, se asentaron varios vecinos que gozaban de las mismas franquicias que los del “Barrio Franco” de Sevilla, análogo al de Toledo y cuyo nombre  también perdura en una de las calles céntricas sevillanas. Eran, principalmente mercaderes, que vendían paños al por mayor y menor.[]

Aquella fue la zona franca del Jerez medieval  y ahora, a las puertas del 750 aniversario de la Reconquista, otra vez “los francos” llegan a la ciudad, no vendiendo telas por la collación de San Marcos, aunque las franquicias textiles estén ahora más que nunca presentes, sino en otras áreas geográficas y con distintas cargas fiscales.

Nuestra alcaldesa ha valorado de forma "muy positiva" la reciente inversión de 200 millones de euros destinada no sólo a la remodelación exterior de la Zona Franca de Cádiz, sino a su ampliación, "siendo Jerez unas de las localidades beneficiadas".  La primera regidora de la ciudad ha hecho especial hincapié en que para el desarrollo de la provincia es "muy importante" poder contar con una Zona Franca en Jerez, ya que ello supondrá que "muchas empresas transformadoras, logísticas y de servicios auxiliares se sientan atraídas por las condiciones ventajosas de las que podrán disponer, sobre todo por los beneficios fiscales que conlleva".

Jerez va a ser la única ciudad de España que, sin ser puerto de mar, va a contar con una zona franca, con lo que ello supone para atraer empresas y creación de riqueza y trabajo.

 La unión de Jerez con la capital, como lo fue en tiempos del rey sabio con Sevilla, y el apoyo importante del gobierno de la nación, va a hacer posible esta apuesta de futuro para la ciudad. Y todo ello, tal como apuntó la alcaldesa, “en unos momentos en los que es vital la colaboración de las administraciones y en el que todos debemos de trabajar de la mano, huyendo de los localismos”. Bienvenida sea, de nuevo, por tanto, la zona franca a Jerez.
 (Artículo publicado en Jerez Información el pasado domingo 15 de septiembre de 2013 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Calle Francos de Jerez de la Frontera.