viernes, 21 de abril de 2017

ROTONDA DE LOS CASINOS


 
 

Nunca fue rotulada oficialmente, ni aparece en los planos de la ciudad por su nomenclatura, pero los jerezanos desde tiempo inmemorial la han conocido como Rotonda de los Casinos. Llamada así por ser la primera, o una de las primeras, rotondas que se hicieron en el centro de la ciudad, a la que se le añadió de “los Casinos” por los que existieron a su alrededor, Casino de Isabel II, posteriormente Casino Nacional, en la esquina con la antigua calle Mora o el Casino Jerezano, aquel que fundado en 1850 y tras pasar por varias sedes, como el palacio Domecq y la calle Larga 50, se asentó en este lugar en el año 1898, convirtiéndose, desde entonces, como reconocían algunas publicaciones de la época, en el principal casino de la ciudad y la institución que proporcionaba vida a la sociedad jerezana con su propia vida.

La Rotonda de los Casinos nos trae recuerdos también de aquel caserón de los condes de los Andes, esquina a la calle Bizcocheros, que luego acogiese el Auxilio Social y posteriormente sería transformado en la sede del Banco Español de Crédito. El popular Cine Maravillas, en la otra esquina de Bizcocheros, luego panal de abeja al ser adquirido por RUMASA. La Corona frente a dicha calle, el famoso balcón redondo de la familia Florán Vélez de Medrano, el Banco de Bilbao con sus fachadas marcando épocas o, más recientemente, negocios emblemáticos como la sastrería de Armando o la óptica de Alejo Pica. Y en su centro su fuente, su farola y de nuevo otra fuente, la misma que se anuncia será la próxima en recuperar sus chorros tras la de la plaza del Arenal.

La Rotonda de los Casinos por su situación estratégica entre dos vías principales como Larga y Honda, ha tenido su importancia. Allí se levantaron arcos triunfales en visitas ilustres, allí se alzaba un enorme abeto por Navidad, con su Nacimiento en la base, y allí se iniciaba una Carrera Oficial que suponía el momento cumbre de la Semana Santa del ayer.

La Rotonda de los Casinos ya no es lo que era, ni el Casino Jerezano proporciona vida con sus tertulias en sillones a pie de calle, porque ya no hay allí ningún casino; ni el abeto se ilumina por Navidad porque, con aspecto más moderno, se ha trasladado a la plaza del Arenal; ni la Carrera Oficial tiene allí su punto de inicio porque la ciudad se ha hecho mayor y necesita más espacio. Ahora la Rotonda de los Casinos es un lugar más comercial que de ocio y recreo, más de paso que para sentarse a dialogar. Pero en la memoria, como una postal sepia, sigue presente aquellos tiempos de gloria de una rotonda que es mucho más que eso, es parte de un pasado glorioso, cuando las prisas no impedían la tertulia, cuando la ciudad era más suya y menos de grandes firmas comerciales.  

Ahora que la fuente va a recobrar su brío y que la Semana Santa llama a la puerta, yo también siento nostalgia de aquella Rotonda de los Casinos de mi niñez y se me viene a la mente esos versos pregoneros de Antonio Moure que decían: "Jerez tuvo un lugar, lleno de duende y pellizco, ruleta del sentimiento, redondel de los delirios...Yo nunca lo olvidaré, yo jamás te olvidaré Rotonda de los Casinos".  
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 2 de abril de 2017 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
La Rotonda de los casinos en la pasada década de los sesenta con la pequeña fuente central, el panal del Banco de Jerez y la anterior fachada del Banco de Bilbao antes de la reforma actual.
 
Imagen del ayer de la Rotonda de los casinos con sus antiguas fachadas y cuando aún no existía la rotonda central.


 
 
 
   

           

domingo, 16 de abril de 2017

LAICIDAD Y SEMANA SANTA




Los orígenes de la laicidad en realidad se remontan al judeocristianismo. En las actuales democracias liberales los Estados suelen configurarse de un modo similar ante el hecho religioso. Llamamos laicidad o aconfesionalidad a esa configuración jurídico-política de los países occidentales. La laicidad del estado no debe equivaler a hostilidad o indiferencia contra la religión o contra la Iglesia. Más bien dicha laicidad debería ser compatible con la cooperación con todas las confesiones religiosas dentro de los principios de libertad religiosa y neutralidad del Estado. La base de la cooperación está en que ejercer la religión es un derecho constitucional y beneficioso para la sociedad. Se puede defender el laicismo sin “sectarismo” ni “comportamientos antirreligiosos”.

España no es un estado laico, es aconfesional, ya que la tradición y cultura española tienen su arraigo en la religión católica, un país aconfesional de mayoría católica por lo que las manifestaciones en la calle de la religión mayoritaria ha sido desde tiempo inmemorial algo habitual, independientemente de los distintos regímenes políticos en los que ha encontrado más o menos apoyo. La propia Constitución española establece que. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.”

A nadie escapa que la Semana Santa en España, y en estos días podremos comprobarlo,  como expresión popular que vive mayoritariamente el conjunto de la sociedad sobre todo en el sur, es un verdadero dique de contención frente a las corrientes laicistas extremistas que tratan de recluir la religión a un ámbito estrictamente privado desterrando cualquier expresión religiosa del espacio público.

En esta nueva Semana Santa que ahora comienza lo religioso se magnifica, la ciudad se hace templo, las calles son el marco para esa ceremonia de culto público que exteriorizan cada cofradía. Las cruces, los hábitos, los rezos, las promesas, la liturgia y la fe lo llena todo. Tradición y creencias de siglos que moviliza a miles de personas en torno a Cristo y a María. Imágenes sagradas que, al llegar Semana Santa, llenan calles y plazas públicas, espacios que son de todos, donde, desde siempre, el pueblo fiel a su historia, en su inmensa mayoría, ha querido que esté. Los políticos saben que la Semana Santa es intocable, contra ella no pueden ni el poder civil, ni siquiera el religioso y menos aún las corrientes laicistas que rozan lo antirreligioso. Los propios alcaldes que, antes de acceder al cargo, declararon la guerra a todo lo que significaba la presencia religiosa en lo público, como consigna política, terminaron, presidiendo pregones y procesiones, visitando templos escuchando oraciones y arropando por las calles la fe de nuestros mayores. Signo inequívoco del necesario apoyo a una conmemoración religiosa que forma parte, incuestionable, de la historia, de la tradición, de la cultura y también de la creencia de ese pueblo del que se sienten representantes.

Jerez, como muchos pueblos y ciudades, cada Semana Santa vuelve a revivir el milagro de la primavera. Los Crucifijos, que en algunos espacios públicos fueron retirados y permanecen almacenados, se hacen presentes entre un inmenso gentío. Jerez, un año más se hace procesión, proclamando a los cuatro vientos sus propias raíces cristianas. En estos días de Semana Santa la calle es mas de todos que nunca, tan de todos que también es de Cristo.
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 9 de abril de 2017, Domingo de Ramos y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
Imagen del ayer correspondiente a la Hermandad jerezana del Cristo de la Viga en su transitar por la calle Santa Isabel camino de la Carrera Oficial. En la presidencia el entonces alcalde de la ciudad Miguel Primo de Rivera y Urquijo.