martes, 26 de mayo de 2015

CAMPANAS DE SANTIAGO


 
Comenzamos la semana con sonidos de campanas, campanas de la iglesia de Santiago que llevaban una década calladas y que anunciaron que, en unos meses, se abrirá un templo qué más quisieran tenerlo como catedral muchas diócesis del mundo y que ha sido el símbolo de un barrio de arte y de fama más allá de nuestras fronteras.

Sin lugar a dudas, cerrando los ojos y poniendo un poco de voluntad, todos somos capaces de evadirnos escuchando sonidos, simplemente, porque la vibración es una fuente primitiva de vida. En ocasiones, las melodías proceden de un instrumento construido a partir de elementos cedidos por la Madre Naturaleza y en otras el productor del sonido es elaborado de forma totalmente artificial. Los sonidos nos ayudan a convivir con ese todo invisible que nos rodea. Pero si, además, el sonido procede de un elemento dentro del ámbito de lo sagrado, como puede ser una campana, la fuerza es todavía mayor.

Tanto la historia de las campanas, como la historia de otros instrumentos es confusa, los italianos dicen que ellos las han creado, y que su nombre proviene de la Campania italiana, pero esto no es tan así, ya que en la China oriental ya se la había estado usando desde hace 4000 años, además está demostrado que en las ceremonias funerarias eran también usadas por los egipcios, y en la India, eran utilizadas en las liturgias dirigidas a sus dioses. A partir del siglo VI se la comenzó a utilizar en las iglesias de Europa.

En las campanas de Santiago hay mucho de la historia de nuestra ciudad, en sus sonidos de bronce vibran los sentimientos de cuantos vecinos consideraron a este templo como algo suyo, algo unido a su propia vida. Cuando el lunes volvieron a sonar esas campanas santiagueras volaron en sus notas cantes puros de casas de vecinos del barrio, de calle Nueva, Cantarería, la Sangre y la Merced; la voz del Padre Corona con sus pobres y necesitados, las saetas al Prendimiento o al Cristo de la Buena Muerte, las oraciones de los Álvarez-Beigbeder, los sones Sacramentales de aquellas procesiones Eucarísticas, los rezos del Asilo y los cantos infantiles del Carmen Benítez. Con las campanas de Santiago sonaron muchas cosas el pasado lunes.

 Los expertos aseguran que las campanas tenían una composición exacta para su construcción, pero más de una vez los fundidores, guiados por alquimistas, magos y sacerdotes, alteraban esa composición dejando así lugar a la magia, surgiendo campanas con poderes muy especiales. Como estas campanas de Santiago que suenan a bulería y a golpes de fragua, con esa magia especial que solo su barrio sabe ofrecer.

 Una leyenda cuenta que alguna vez una campana provocaba afectos alucinógenos a todo aquel que las escuchara, esto se debía a la vibración que producía. Las campanas también han sido utilizadas para ahuyentar de los caminos a los espíritus malignos. Ojalá estas campanas que, desde el pasado lunes, han vuelto a sonar ahuyenten no solo el mal fario que parece que cayó sobre Santiago hace siglos sino que también, con su magia, llene de vida a todo su barrio y con él se siga llenando de arte y de vibraciones a Jerez entero.
(Artículo que publiqué el pasado domingo 24 de mayo de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y el martes siguiente en VIVA JEREZ).
 
Postal añeja de la fachada de la iglesia de Santiago.
 
 Ojalá ha ((

jueves, 21 de mayo de 2015

FERIA AGOSTEÑA



           Acaba la Feria del Caballo 2015, una edición que ha venido marcada por el calor en la que los horarios de entrada han cambiado a la tarde-noche y los atuendos veraniegos han prevalecido por encima de otros más propios de los días feriales. Una Feria del Caballo que se ha llenado de visitantes de fuera de nuestra ciudad, entre ellos de polillas, no de esos Polillas, agrupación musical, que nació en Cádiz en el acuartelamiento de San Severiano y que hoy ha alcanzado gran popularidad, sino de esa plaga de incómodos insectos que han tomado la ciudad estos días.

            La Feria del Caballo 2015 será recordado, aparte de su esplendor por sus altas temperaturas que nos ha adelantado al verano y más concretamente al mes de agosto, a esas otras ferias como la de Málaga, que los propios nativos dicen que tiene un calor especial, con calles entoldadas y mucho pantalón corto y chanclas, hasta tal punto que en alguna ocasión se ha tenido que tomar medidas con el fin de evitar que se entre en las casetas  sin camiseta y en chanclas sobre todo por las heridas que se producían en los pies con los cristales de vasos y botellas. Entonces surgieron opiniones de todo tipo y hay quien dejó dicho públicamente: “No podemos perder el alma de lo que somos pero, no, esto no es Jerez”.

            Esto nos viene a decir el concepto que se tiene de la Feria del Caballo jerezana más allá de nuestras fronteras, un sello que ni las altas temperaturas han logrado alterar, aunque aún quedan cosas por mejorar y es una tarea que el propio Ayuntamiento debe emprender para que nuestra Feria del Caballo siga siendo un referente mundial, regularizando cuanto haya que regularizar para preservar la esencia de la fiesta.

            Y puesto a mejorar aspectos feriales llama la atención las ordenanzas municipales del Ayuntamiento de la localidad de Fuengirola que solamente permite música interpretada en español: "Bajo ningún concepto se permitirá la ambientación musical con géneros como funk, rap, reggaeton, electrónica, metal, alternativa, hip hop, reggae, heavy metal, country, punk, gótica y ritmos latinos en general". Así aparece en el bando municipal firmado por la alcaldesa, Esperanza Oña, para regular, entre otros aspectos, las casetas y peñas instaladas en el recinto ferial. De igual modo, la decoración de las casetas deberá basarse en "elementos relacionados con Andalucía, su cultura, arte y tradiciones", tanto en el interior como en la fachada, quedando expresamente prohibidos los letreros luminosos y la instalación de altavoces emitiendo sonido al exterior. Con estas medidas, subraya la regidora del PP en el citado bando, "sólo se pretende que todos disfrutemos de unos días festivos en orden y que la convivencia entre los que participamos de la Feria sea cordial". Oña aprovecha para invitar a vecinos y comerciantes a engalanarse con atuendo andaluz y a decorar los establecimientos con motivos festivos, recomendaciones, por cierto, que no están de más.

            Feria agosteña en pleno mes de mayo que, como todo lo ocurre en estas tierras del sur, viene condicionado por un clima que este año se ha empeñado en darnos calor antes de tiempo, en hacer también en Jerez que la Feria del Caballo, como la de Málaga, tenga un calor especial. Ahora solo queda esperar a ver si las previsiones económicas se han cumplido y los que habían depositado sus esperanzas en ella han hecho su particular agosto.   

 
           (Artículo que publiqué el pasado domingo 17 de junio de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)




Año 1972. La elegancia de la Feria del Caballo jerezana.

domingo, 17 de mayo de 2015

DIPUTADO DE FERIA


           

            
 
            El 10 de agosto de 1633 se dicta en Jerez un curioso bando mediante el cual el Corregidor don Francisco de Riaño y Gamboa y los caballeros veinticuatros, diputados de feria, don Bartolomé Dávila y don Fernando Núñez de Villavicencio, decretaban en sus principales capítulos lo siguiente:

            “Que la citada feria habrá siempre de ser en el Barrio de Santiago y calle del  convento y frailes de la Merced. Que las tiendas de zapatero, chapineros, buhoneros, etc., se pusieran junto al citado convento, hasta el arco o postigo que llaman de la Merced. Que en la parte contigua a la iglesia y capilla mayor de ella, se pusieran las tiendas de plateros, de oro, perlas y plata labrada y demás cosas tocantes a esto. En la calle abajo (en ambas aceras) de la dicha calle de la Merced, estén las tiendas de las mercaderías, paños, lienzos, sedas y, prosiguiendo con las tiendas y mercaderías lo que fuera necesario, por la calle abajo hacia el convento de los religiosos de la Victoria y, después, siguiendo por la Porvera hasta el sitio donde está el Boquete”. Para el ganado se señala el sitio “que llaman de la Merced, tirando hacia la Puerta de Rota; destinándole para aguaderos el Pozo de la Víbora y para pastos esas playas”.

            Este bando vino  a raíz de un pleito de los propios vecinos del barrio de Santiago que habían visto que su feria se había trasladado a la zona de la calle Tornería. Recordemos que el rey Alfonso X, el Sabio, concedió a nuestra ciudad diferentes privilegios, y uno de ellos fue, en 1287, la celebración anual de dos ferias francas. Es decir, libres de impuestos y contribuciones. Una en abril y otra en agosto coincidiendo con la festividad de la Patrona, la Virgen de la Merced, que aún no contaba con fecha propia en el calendario y se celebraba, como tantas otras, el 15 de agosto.

            Nos disponemos a celebrar una nueva edición de la feria jerezana, una feria que con el paso de los años ha tenido distintos marcos como los aledaños del antiguo convento de San Agustín, la Alameda Vieja, el Hato de la Carne, los Llanos de Caulina y por último el hermoso recinto del parque González Hontoria.

            Nuestra feria ya no necesita bandos que fije el lugar de celebración porque ese parque, que un día creara el inolvidable alcalde don Julio González Hontoria, es insustituible, tampoco necesita más privilegios porque la feria en sí es ya un privilegio al alcance de todos y lo que si necesita es a esos diputados de feria, que como los diputados mayores de gobierno de las cofradías, ordenen y velen por la esencia de la celebración, que no permitan que nada ni nadie altere la propia personalidad de la fiesta, que luchen por engrandecerla y por hacerla cada año más espléndida. Diputados de feria, no políticos aunque la campaña electoral obligue a ello, que sepan ser los directores de todo este cortejo de luz y color que ya se pone en marcha, sin horarios ni itinerarios, con cantes y flores, con elegancia y señorío, con salidas y recogidas pero sobre todo con el arte y saber de una fiesta que también hunde sus raíces en nuestra historia jerezana. Tan jerezana como esas playas cercanas a la feria, que ya se mencionan en el bando de 1633, y que en estos días han estado de plena actualidad.
 
             (Artículo que publiqué el pasado domingo 10 de mayo de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
De cuando se celebraba la feria en los llanos de Caulina.
 

           

miércoles, 13 de mayo de 2015

TRADICIONES


        

 
         El pasado miércoles tuve la oportunidad de participar en una interesante mesa redonda sobre las costumbres y tradiciones jerezanas perdidas en el tiempo, contó con el precioso marco de los claustros de Santo Domingo y fue organizada por el Ayuntamiento de Jerez y la Asociación Sombrero Ala Ancha. Una grata puesta en común sobre esas señas de identidad de nuestra ciudad olvidadas y que son dignas de recuperar.

           No podemos olvidar que mediante la transmisión de sus costumbres y tradiciones, un grupo social intenta asegurar que las generaciones jóvenes den continuidad a los conocimientos, valores e intereses que los distinguen como grupo y los hace diferentes a otros. Conservar nuestras tradiciones significa practicar las costumbres, hábitos, formas de ser y modos de comportamiento es un legado que hemos recibido y que estamos en la obligación de transmitir. Si es verdad que las tradiciones y costumbres cambian con el paso del tiempo, como resultado de las nuevas experiencias y conocimientos de la sociedad, a causa de sus necesidades de adaptación a la naturaleza y por la influencia de otros grupos sociales con los que establece contacto, pero también es verdad que para conocernos mejor como personas y como grupo humano, es importante reflexionar acerca de nuestras costumbres y tradiciones, pensar y dialogar con la comunidad acerca de qué podemos rescatar del legado de nuestros antepasados. También es necesario discutir con qué criterios aceptamos o rechazamos las costumbres y tradiciones que hemos heredado. Podemos aprovechar nuestra herencia cultural si consideramos que las costumbres y tradiciones son lazos que estrechan las relaciones de una comunidad, que le dan identidad y rostro propio, y facilitan proyectar un futuro común.

Los pueblos se enriquecen de sus tradiciones y sus costumbres. Preservarlas a través del tiempo y las edades implica no solo mantener la propia identidad sino además entender que el pasado nos ayuda siempre a explicar nuestro presente. Para los investigadores Bello y Flores la identidad cultural “Expresa aquellos rasgos propios, comunes, específicos, que caracterizan a una determinada región o zona del mundo. Refleja, además, las diferencias dinámicas de un pueblo respecto a otro”. La investigadora Marta Pérez, por su parte, afirma: “Es posible afirmar que un pueblo tiene una identidad cuando sus individuos comparten representaciones en torno a tradiciones, historias, raíces comunes, formas de vida, motivaciones, creencias, valores, costumbres, actitudes y rasgos. Junto a ello deben tener conciencia de ser un pueblo con características diferentes a las de otros pueblos”. Estudiar el tema de la identidad implica tratar aspectos concernientes a la verdadera memoria histórica; la que debe conservarse, aún en las más difíciles condiciones, pues como considera el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel: “La memoria no es para quedarnos en el pasado. La memoria es para iluminar el presente.”

Jerez es un compendio de ricas tradiciones y costumbres que estamos en la obligación todos los jerezanos no solo de mantener sino también de potenciar de cara al futuro como parte de nuestra historia y de nuestro ser. Costumbres y tradiciones que adaptadas a los nuevos tiempos, pero sin perder su esencia, son una riqueza patrimonial al que ningún pueblo que se enorgullece de si mismo debe renunciar.

Es necesario, por tanto que se siga potenciando esas costumbres y tradiciones que forman parte también de nuestro rico patrimonio, ya lo dijo Mariano José de Larra “Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas.
(Artículo que publiqué el pasado lunes 4 de mayo de 2015 en VIVA JEREZ)
 
La calle Consistorio repleta de jerezanos ataviados con el tradicional sombrero de Ala Ancha, una costumbre hoy perdida con el tiempo.
 
 

 

 

lunes, 4 de mayo de 2015

LAS SANTAS MISIONES


         
 
           Se acaban de cumplir cincuenta años de las últimas Misiones Populares celebradas en nuestra ciudad. Santas Misiones Populares que a los que la vivieron les dejaron una honda y profunda huella y cuyo recuerdo aún perdura. Convocadas por el Cardenal D. José María Bueno Monreal,  justificaba su finalidad en “la renovación de la vida cristiana, renovación individual y comunitaria. Esta finalidad está en la línea renovadora del Concilio y en el programa que nos ha trazado el Papa (Pablo VI) en la Encíclica Ecclesiam Suam. Las cofradías y asociaciones tienen que integrase en el conjunto apostólico y unitario de la ciudad, sin perder ninguna de sus tradicionales riquezas. Tenemos que abordar el apostolado de los barrios alejados, de los núcleos pobres, de los grupos especializados del mundo del trabajo y del ambiente santificador.” Aquella feliz iniciativa, recayó sobre la disponibilidad y espíritu de servicio de las hermandades y cofradías de Jerez a la llamada del prelado. Fueron muchas las que ofrecieron sus Sagrados Titulares para trasladarlos a los puntos más alejados de la ciudad, lugares en los que pastoralmente, sería más eficaz su presencia.

            Entre las devociones que fueron designadas recordemos que el Santísimo Cristo de la Expiración presidió el centro misional en San Rafael, Jesús de la Vía-Crucis en el Reventón de Quintos, Nuestra Señora del Patrocinio en la escuela del Balneario de San Telmo, la Virgen de la Paz en su Mayor Aflicción en la barriada de la Constancia, la Virgen de la Estrella en el patio de San Antonio de la barriada del Carmen, el Señor del Consuelo en la barriada de la Coronación o Nuestra Señora de los Remedios en el Grupo Escolar Federico Mayo, por nombrar solo los traslados más significativos y distanciados de su sede canónica.

Si algo debemos extraer como una añadida consecuencia, es la de constatar los frutos que se derivaron de esta presencia de estas devotas imágenes, desprovistas de todo su ornato habitual, de la pompa y esplendor que las arropa en sus Estaciones Penitenciales, ofreciendo la esencia misma de su sentir devocional. Todo ello junto con la Palabra de Dios en labios de los misioneros, venidos de los más recónditos lugares,  que esparcieron y sembraron el Evangelio de Cristo a todos los que participaron.

Como se apunta desde el prestigioso foro de opinión Cardenal Niño de Guevara, tal vez sea llegado el momento de plantearse a la luz de la realidad de la Iglesia actual, del testimonio que nos ofrece nuestro venturoso Papa Francisco, con su llamada a la humildad y la sencillez de su mensaje, y su deseo de que el pueblo fiel salga a los caminos, la necesidad de recobrar esa Misión, como se hiciera hace ya casi medio siglo, si bien ponderando los elementos diferenciadores que determinan cada época y circunstancias.

Esto es, ni más ni menos, lo que han hecho los miembros de la Agrupación parroquial de la Divina Pastora de San Dionisio estos días, trasladar en Misión Popular a su Virgen desde su sede, en el centro de Jerez, hasta la alejada parroquia de San Juan Bautista de la Salle y Ntra. Sra. de la Estrella. Con la misma intención de aquellas Santas Misiones Populares de hace cincuenta años, que llevaron, a los nuevos barrios, esa llamada a la renovación, al amor y a la fraternidad; siempre en la búsqueda de un mundo mejor.
           (Artículo que publiqué el pasado domingo 26 de abril de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ).

Santa Misiones del año 1965. Traslado del Cristo de la Expiración desde la ermita de San Telmo a la parroquia de San Rafael.


 

jueves, 23 de abril de 2015

PALACIOS QUE SE NOS CAEN


           

 
            Los vecinos de San Mateo y todos los jerezanos amantes de nuestro patrimonio seguimos a la espera de que se acometan las prometidas actuaciones que, de forman inminente, según se anunció, se pensaban realizar en el palacio de Riquelme, esa joya del Renacimiento que se nos cae a pedazos. Ese palacio del siglo XVI que se levantara para glorificación del linaje Riquelme y que muestra un aspecto auténticamente lamentable. En el mismo barrio de San Mateo, espera entre puertas tapiadas y recuerdos de desaparecidos lujos otra noble mansión, el palacio de los Ponce de León, situado en la confluencia de las calles San Blas y San Ildefonso, dos santos que desde los cielos contemplan como el abandono y la desidia se apodera de una portentosa casa que quiso ser el hotel de las mejores vistas sobre el Jerez musulmán, que vivió singulares historias mientras el león Nerón se paseaba por las dependencias  y que sirvió de marco para tantas fiestas e historias del Jerez profundo. Y muy cerca de allí otro palacio que se nos cae sin remedio es el de los condes de Montegil, entre las plazas de Belén y San Lucas; palacio neoclásico, que posteriormente fuese de la familia bodeguera Parra Guerrero y que hoy se nos muere sin que nadie haga nada por salvarlo.  En nuestra señorial calle Porvera un noble edificio,  un palacio del siglo XVIII en la esquina de la calle Ídolos lleva ya demasiados años cerrado y olvidado, una mansión con barroca portada que merece por su importancia arquitectónica y su situación privilegiada una restauración respetuosa y un destino acorde con su prestancia. En el otro extremo de la ciudad otro magnífico palacio se nos cae en la espera de que alguien tome conciencia del gran valor patrimonial que contiene, me refiero a la casa grande de Villapanés, uno de los más notables ejemplos de la arquitectura civil del siglo XVIII existente en Jerez y que se encuentra en pésimo estado de conservación. Piedras que claman al cielo buscando la salvación.

            Son todos ellos palacios que fueron mimados por sus moradores pero que hoy, por distintas circunstancias, son la muestra palpable de la dejadez. Palacios como el del marqués de los Álamos del Guadalete en la calle Francos o el de Salobral en la Alameda de Cristina se perdieron para siempre, otros como el de Mirabal o el de Melgarejo en las plazas de su nombre solo nos queda su portada y algunas otras grandes casas como la de Primo de Rivera en la calle San Cristóbal esperan también ser rescatadas de la ruina.

            Los grandes palacios jerezanos, independientemente de su titularidad, por su importancia histórico-artística es un bien patrimonial de la ciudad, por lo que es necesario que se aúnan esfuerzos, tanto de la administración como de particulares, para que, buscando las fórmulas que beneficien a todos, salgan del olvido y recobren ese esplendor que nunca debieron perder.

            La recuperación del palacio de Pemartín para la Fundación Andaluza de Flamenco, Garvey para uso hotelero, Domecq para grandes eventos, Bertemati como Obispado y tantos otros que hoy se muestran perfectamente restaurados y reutilizados son un ejemplo a seguir.  Como ejemplar es la última iniciativa que se ha puesto en marcha con el palacio del conde de los Andes, abriéndolo al turismo por sus propietarios para que todos puedan admirar sus tesoros, una apuesta digna de aplauso que, sin duda, garantizará su futuro.  
            (Artículo que publiqué el pasado domingo 19 de abril de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ  y al día siguiente en VIVA JEREZ)

Patio del desaparecido palacio jerezano del marqués de las Álamos del Guadalete.
 
 

domingo, 19 de abril de 2015

RECORDANDO AL PADRE COLOMA




Se cumple en este año de 2015 el centenario del fallecimiento del ilustre jerezano Luis Coloma Roldán (Jerez de la Frontera, 9 de enero de 1851 - Madrid, 10 de junio de 1915), escritor, periodista y jesuita español. En su faceta de autor de literatura infantil y juvenil creó el famoso personaje del Ratoncito Pérez.

Este jesuita y escritor jerezano, más conocido como el Padre Coloma, forma parte del elenco literario que conforma lo que la crítica ha tenido a bien denominar, ahora que la figura de Cervantes está tan de actualidad, la generación sucesora de la novela cervantina. Coloma cosechó un insólito éxito con sus cuentos, novelas y relatos en las que supo plasmar su vocación religiosa. Así, su obra se caracteriza por una peculiar mezcla de religiosidad y de profundo conocimiento de la vida y sus costumbres, siempre escrita con un matiz moralizador. En sus relatos cortos de carácter fantástico, como sucede con el resto de su producción literaria, Coloma pone de manifiesto su habilidad como narrador, pues aunque parte de la idea de que la literatura no es un fin en sí misma, sino un medio útil y eficaz de adoctrinar, el escritor es consciente de la importancia del componente literario, esforzándose en utilizar los recursos idóneos para que el lector acepte que el mundo puede romperse ante la presencia de lo sobrenatural.

Cuentan sus biógrafos que fue hijo de un célebre médico, Ramón Coloma Garcés, y de Concepción Roldán. A los doce años entró en la Escuela Naval preparatoria de San Fernando, pero lo dejó para licenciarse en Derecho en la Universidad de Sevilla coincidiendo con la trascendental revolución de 1868. De esta época data su amistad con Fernán Caballero. Luego se trasladó a Madrid, donde trabaja como pasante en el bufete del abogado Hilario Pina. Empezó a frecuentar tertulias elegantes y a colaborar en distintos periódicos defendiendo la Restauración de los Borbones. Una grave herida en el pecho en 1872, cuando limpiaba un revólver, afianzó su decisión de dedicarse al sacerdocio en la Compañía de Jesús y marchó a Francia para hacer allí el noviciado, ordenándose en 1874. De vuelta a España se le destinó a tareas educativas en centros de Sevilla, Galicia, Murcia y Madrid. No por ello abandonó el periodismo y se consagró por entero a la literatura. Pasó del costumbrismo y los relatos cortos de sus Lecturas recreativas a la sátira social de la novela Pequeñeces, que se considera su obra maestra.

A su fallecimiento nuestra ciudad dio el nombre de Padre Luis Coloma al entonces único Instituto de Enseñanzas Medias que había en Jerez y le levantó un busto que primero estuvo ubicado en la plaza del Progreso y hoy podemos contemplar, algo escondido, en la plaza del Arroyo; también se rotuló con su nombre la antigua plaza del Clavo, al parecer donde naciera. Madrid, por su parte, tiene dedicada una placa y un museo en pleno centro, concretamente en la calle Arenal, al popular personaje del Ratón Pérez.

Desde esta columna semanal vuelvo a reivindicar la figura de este insigne literato jerezano y,  al cumplirse el siglo de su muerte, quizás sea el momento de reubicar definitivamente su busto en la coqueta plaza del Clavo, junto a una placa que recuerde su trayectoria como figura de las letras, algo que nos ayude también a promover la lectura de esos relatos del Padre Coloma tan valiosos como olvidados.
            (Artículo que publiqué el pasado domingo 12 de abril de 2015 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)

Cartel de la exposición organizada en la biblioteca municipal jerezana con motivo del centenario del fallecimiento del Padre Coloma.