jueves, 8 de septiembre de 2011

CONSUELO DE LOS JEREZANOS


      Hoy es ocho de Septiembre, día de fiestas patronales en las vecinas localidades de El Puerto de Santa María y Chipiona, un día de ancestrales recuerdos históricos para la devoción mariana de Jerez, recuerdos de un patronazgo injustamente olvidado que tuvo como eje a la Virgen chiquita de Consolación que, en Santo Domingo, hizo ampliar su templo y levantar toda una nave para acoger la enorme devoción que, tan peregrina imagen, despertaba en los jerezanos.
      La Virgen de Consolación de Santo Domingo, con hermosa leyenda sobre su llegada a nuestra ciudad, forma parte de ese tesoro oculto y olvidado de nuestra rica historia local, de esos anales, escritos con letra de oro, evocadores de un pasado, no sabemos si mejor o peor, porque eran producto de otros tiempos, tiempos más propicios a una generosidad bien entendida en ayuda a los más necesitados. Recordemos cuantos nobles acaudalados sostuvieron durante años las casas de beneficencias, el ejemplo lo tenemos ahora con las Hermanitas de los Pobres, institución impulsada en épocas pasadas por las ayudas de reconocidos vinateros y hoy pidiendo auxilio para no tener que dejar su asilo, planteando la posibilidad de abandonar una ciudad a la que tanto han servido durante más de cien años.

     Consolación fue la gran devoción mariana de Jerez hasta la explosión mercedaria, fue reconocida, durante siglos, como patrona, siendo actualmente copatrona, celebrando la ciudad grandes fastos cada 8 de Septiembre y acudiendo en masa ante la capilla que un día labrara la familia Adorno. Consolación fue un foco espiritual y devocional que llegó a extenderse no solo por todo Jerez sino también por la comarca, convirtiéndose, su templo dominico, en motivo de peregrinaciones y múltiples plegarias. Consolación fue cúmulo de favores, salvadora de navegantes, inspiración de artistas, protectora de hospicios-beaterios, condensadora de indulgencias y privilegios, sumamente reproducida y eje del marianismo local.
        Dentro de seis años se cumple el 125 aniversario de la vuelta de los dominicos a su templo de Cristina, una orden que, con sus predicaciones, su asistencia religiosa, sus enseñanzas y su propagación al culto a la Virgen, ha servido eficazmente a la Iglesia y a los hombres .A todo ello ha contribuido la importancia de las advocaciones marianas que aquí se veneran, motivo por lo que este templo debería ser declarado Santuario, por cuantos fervores marianos despierta.

        Para los amantes de lo sublime quizás sea el momento, ahora que tanto se habla de Coronaciones, de ver a la Virgen de Consolación coronada canónicamente, porque ninguna como esta, posee tantos argumentos, historia y justificaciones para recibir tan alta distinción de la Iglesia. Para la sociedad actual de las penalidades, de las víctimas del terrorismo, de los parados sin esperanzas, del tercer mundo, de los maltratos y los crímenes sin escrúpulos, de los jóvenes sin rumbo, de tanto llanto por las injusticias y las pérdidas humanas, no está de más recordar que, en Santo Domingo, Jerez tiene una Virgen que es su eterna consolación, que así lo creyeron nuestros antepasados y así lo dejó dicho la tradición “ Llévame a Jerez, al convento de mis hijos los frailes predicadores; que voy para consuelo de los jerezanos”. Esta es la historia mariana de Jerez cada 8 de Septiembre, centrada en una pequeña imagen, al parecer de alabastro, representativa de una Virgen gótica que desde tiempo inmemorial se venera en el templo de Santo Domingo. Una historia que habría que hacerla revivir para todos aquellos que buscan consuelo en sus aflicciones, para que las nuevas generaciones no olviden que en Jerez existe una Virgen chica pero con una devoción histórica muy grande.
          (Artículo publicado en Información Jerez el 8 de septiembre de 2007)
Grabado antiguo de la Virgen de Consolación que se venera en el convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera. En la foto superior curiosa fotografía, enviada por mi hermano lauretano J.M.Prado, de un retablo cerámico representativo de la Virgen de Consolación en su primitivo paso procesional, cuyo templete figura actualmente en el Sagrario del templo dominico. 




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