jueves, 3 de mayo de 2018

PEMARTÍN


 


En el año 1771 en Oloron de Saint Martin, una pequeña ciudad del sudoeste de Francia, nace Pedro Julián Pemartín Rodez Ramaá y Goaf, un emprendedor que  en 1815 contrae matrimonio con Mercedes Carolina Laborde y que, tras hacer fortuna en México, se instala directamente en Jerez con sus propias bodegas. Su hijo Julián María Pemartín Laborde, nacido en 1816, casó con Cristina Hernández Boudrix, con la que no tuvo hijos, fijando su residencia en la calle Porvera nº 3 y 5, él fue el promotor de la construcción del palacio conocido como Recreo de las Cadenas. Su hermano José, casó María Elisa Carrera y Aramburu, natural de Cádiz, y tuvo a Julián Pemartín Carrera, bodeguero jerezano copropietario de la Viña El Cerro (que sería residencia de José María Pemán y Pemartín) y cuyas bodegas estaban en la Huerta Pintada tras su casa solariega en la calle Diego Fernández Herrera, edificio que luego sería convento de las Siervas de María y hoy de uso hotelero.

En esta casa de la calle Diego Fernández Herrera esquina a Portería nació en 1901 el escritor y poeta Julián Pemartín Sanjuán que tras su boda con Mercedes Díez y Zurita, establece su domicilio primero en la casa palacio de Camporeal de la calle Benavente y, después, en la hermosa casa de los Villavicencio de la plaza San Juan, también llamada de los Marqueses de las Mesas de Asta, en donde nacen el resto de sus hijos y lleva a cabo la mayor parte de su gran producción poética. Un palacio cuya estructura general data del siglo XV, pero rehabilitado en el siglo XVIII cuando Petronila María de Villavicencio, Marquesa de Mesas de Asta, reformó las partes más distinguidas del edificio: fachada principal y patio. Sus propietarios primeros habían sido Alvar López de Hinojosa, Caballero Veinticuatro, y su esposa Isabel Melgarejo. Un noble edificio del que destaca su artesonado mudéjar, que ostenta los escudos de los López y de los Hinojosas, del siglo XV. Cuentan que en esta casa Julián Pemartín tenía instalada una maqueta de la 'Ínsula Barataria', que incitaba al juego y al desarrollo de la imaginación de los más pequeños, lo que inspiró su popular cuento 'Garbancito de la Mancha', llevado al cine en el año 1945, siendo la primera película de dibujos animados que se produjo en Europa. Dirigida por Arturo Moreno y en cuya animación trabajaron durante dos años alrededor de cien dibujantes.

Después de algunos años de abandono el palacio de Pemartín fue rehabilitado y es sede actualmente de la Fundación Andaluza de Flamenco. Tras el anuncio, por parte de la Junta de Andalucía, del traslado de los centros documentales que alberga al futuro Museo del Flamenco de Andalucía, el palacio queda en un futuro incierto, motivo por el cual el Pleno municipal celebrado esta semana ha  expresado, por mayoría, su rechazo a dicho traslado, instando además a la Administración autonómica a definir qué pretende hacer realmente en este espacio.

El palacio de Pemartín, con toda su rica historia y su monumentalidad de noble edificio jerezano, requiere de un destino a la altura de su importancia, para que no vuelva a pasar como en esa Ínsula Barataria, donde Sancho Panza ejerció de gobernador con muy mala fortuna entre los pleitos que le planteaban sus vecinos y los asedios de sus enemigos. Quien lo gobierna ahora tiene la obligación de darle la fortuna que merece.
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ  el pasado domingo  29 de abril de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Julián Pemartín Sanjuán junto a su familia.
 

jueves, 26 de abril de 2018

ARTE SACRO JEREZANO

 
 


Primero fue el de la catedral, luego el de la iglesia de Santiago y ahora nos llega el de San Miguel. Museos de arte sacro que han venido a sumarse a todo el atractivo turístico que Jerez viene potenciando en los últimos años.

La exposición permanente de la catedral ha sido gran un acierto y ha puesto en valor toda la riqueza artística que atesoraba el primer templo de la ciudad. Una apuesta importante por el arte sacro que necesitaba no solo ser aprovechado como aportación al arte y la cultura de la ciudad sino también como recurso para el propio mantenimiento de un conjunto arquitectónico y artístico, como es nuestra catedral.

Al poco tiempo de la reapertura del templo de Santiago quedó inaugurada, en sus dependencias, una exposición permanente, con una sala en la sacristía con obras de orfebrería en cuatro vitrinas y otra interesante sala con una valiosa colección de imágenes del Niño Jesús cedidos para la ocasión por las religiosas franciscanas clarisas de Jerez. Una sala que, según se indicó en su momento, servirá como marco a otras colecciones de Niños Jesús provenientes de distintos conventos de clausura de la diócesis. También las dependencias conventuales de los carmelitas acogen desde años el Museo Carmelitano de la Provincia Bética, un rico museo que conserva admirables piezas bordadas, esculturas de importancia y una buena colección de pinturas.

Sin olvidar todo lo que se viene realizando en el templo de San Juan de los Caballeros para que sea otro de los referentes en el arte religioso jerezano y la labor que vienen realizando muchas cofradías para poder mostrar su excelente patrimonio de la forma más digna y viable posible.

A todas estas apuestas se suma ahora la iglesia de San Miguel, con un tesoro espectacular que si bien se podía contemplar de forma privada es a partir de ahora y con la llegada del nuevo párroco cuando se podrá abrir al público en general.  La iglesia de San Miguel inaugurará el próximo 26 de abril su Museo de Arte Sacro, un rico patrimonio que conformará la Exposición Permanente de Arte Sacro del templo, que contiene piezas de gran valor como vasos sagrados cuya cronología va del siglo XVI al XIX, ornamentos del siglo XVI o la custodia procesional de Juan Laureano de Pina, además de pinturas y esculturas de gran valía. Un nuevo museo que vendrá a sumarse a todos los ya existentes y que, sin duda, potenciará la oferta turística de la ciudad y ayudará a entender la importancia que ha tenido la presencia de la Iglesia Católica en la historia de la ciudad.

Los pasos se van dando, aunque aún quedan muchos tesoros ocultos que merecen su apertura al público, templos como San Marcos, la Merced o Santo Domingo poseen también patrimonio suficiente para dar contenido a nuevos museos de arte sacro.    

El arte religioso nos muestra el amor y la fe en Dios. El rico patrimonio que se conserva en los templos, especialmente para el culto, de ahí su nombre de arte sacro, se distingue por la belleza y calidad de unas piezas que aguardan pacientes la mirada sorprendida del viajero bajo un espléndido manto de piedra consagrada. Jerez de la Frontera se exhibe ahora orgulloso en este nuevo Museo de Arte Sacro que vendrá a mostrar, aún más, el impresionante legado recibido.
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 22 de abril de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
 
 
Fotografía antigua de una de las valiosas dalmáticas que se conservan en el tesoro de la parroquia de San Miguel
 



jueves, 19 de abril de 2018

FERIA DE LA SALUD


 
 
La II Feria de la Salud se ha celebrado en Jerez, esta pasado semana, en el incomparable marco de los Claustros de Santo Domingo, con un amplio programa dirigido a la información, formación y la sensibilización de la ciudadanía sobre la importancia de la prevención y los hábitos saludables de vida. El programa ha contado con ponencias dirigidas al público en general, talleres específicos para los centros educativos, y una zona de stands con todas las entidades participantes. Como ya se indicó en su primera edición en lo que respecta a la salud hay mucha información en internet y parece que tenemos un acceso rápido a los datos, pero a la hora de la verdad el usuario encuentra en las redes mucha información contradictoria, que puede llevar a confusión, y por ello es tan importante una feria como esta donde la ciudadanía tiene la oportunidad de informarse directamente con los profesionales sobre cuestiones de salud.

El 7 de abril de cada año, el mundo celebra el Día Mundial de la Salud. Durante la ocasión, en todos los rincones del planeta, cientos de eventos conmemoran la importancia sanitaria para una vida productiva y feliz. Se celebra en esta fecha, porque el  7 de abril, pero del año 1948, entró en vigor la Constitución de la Asamblea Mundial de la Salud, que fue firmada por 61 países. Con ello quedó conformada la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el fin de recordar lo importante que es apoyar a las personas de todos los rincones del mundo en el cuidado y protección.

La asistencia sanitaria universal se provee en la mayoría de países desarrollados, y en muchos países en desarrollo a lo largo del globo. En lo que respecta a Jerez la salud siempre ha estado presente en su historia. Hacia 1589 existían en Jerez 13 hospitales, muchos de ellos atendidos por cofradías. En siglo XVIII quedaron solo cuatro: el Hospital de la Caridad, el Hospital de la Sangre u Hospital de Mujeres, fundado en 1485 en la calle Taxdir; el Hospital de San Juan de Dios o de La Candelaria, fundado en 1575 por el Beato Juan Grande en la actual Alameda Cristina; y el Hospital de Jesús María, con funciones sanitarias desde 1754 en unas casas de la calle del Pollo, logrando sobrevivir hasta el año 1838. En 1841 se inaugura el Hospital de Santa Isabel en el antiguo convento de la Merced. En el año 1926 se funda el 'Sanatorio de Santa Rosalía y Beato Juan Grande' que supone la vuelta de la Orden Hospitalaria a la ciudad, que habían abandonado el de la Candelaria tras la desamortización de Mendizábal. Un momento decisivo dentro de la historia sanitaria de Jerez fue la puesta en marcha de la 'Residencia Sanitaria General Primo de Rivera', inaugurada el 1 de julio de 1968, un moderno centro hospitalario, que cumple su medio siglo de existencia y que cambió radicalmente el concepto sanitario hasta entonces reinante en la ciudad.

Una larga historia unida a la sanidad local en la búsqueda siempre de esa salud que es un derecho social irrenunciable. Toda feria es una celebración y todo avance en cuanto a lo que a la sanidad se refiere es digno de aplauso. Como dejó dicho Melchor de Palau: La libertad y salud son prendas de gran valía, ninguno las reconoce hasta que las ve perdidas.
 
(Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 15 de abril de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Residencia Sanitaria "General Primo de Rivera", actual Hospital de Jerez, poco después de su inauguración.
 

 

viernes, 6 de abril de 2018

AÑO BEIGBEDER




Uno de los episodios más conocidos de la Semana Santa se produjo en la Sevilla de 1921, aquel año Igor Stravinski estuvo en la capital hispalense deseoso de admirar la Semana Santa, de la que sólo conocía los testimonios escritos de los viajeros románticos. Vino procedente de París, acompañado de su íntimo amigo y colaborador Diaghilev, el creador de los ballets rusos, con quien trabajó en El pájaro de fuego, La consagración de la primavera, etc. Fue presenciando el desfile de la cofradía de San Bernardo por la Puerta de la Carne, cuando Igor Stravinski, al escuchar la marcha Soleá, dame la mano, que interpretaba la Banda Municipal de Música detrás del paso de la Virgen del Refugio, le dijo a su amigo Diaghilev: “Estoy escuchando lo que veo y estoy viendo lo que escucho”.

Algo así me ocurre cada vez que escucho una marcha del jerezano Germán Álvarez Beigbeder. Con la marcha Cristo de la Expiración veo la procesión de San Telmo avanzando, entre la multitud, en los primeros tramos de su recorrido; con Nuestra Señora del Mayor Dolor, la trasera del palio de la cofradía de San Dionisio salvando los naranjos de la placita de Revueltas y Montel; con  Desamparo, el palio de la Virgen flamenca del barrio de Santiago en los medios de la calle Ancha con la torre de la Victoria al fondo; con Al pie de la Cruz la Virgen de las Angustias en la intimidad oscura de su templo  y así cada una de las composiciones de Don Germán, sin duda uno de los mejores músicos de los últimos tiempos y que tanta categoría ha aportado a nuestra simpar Semana Santa.

Se cumplen en este 2018 cincuenta años de su fallecimiento, con tal motivo el pasado sábado y en la Basílica de la Merced se celebró un magnífico concierto en el que los intérpretes de la Orquesta Álvarez Beigbeder, que este año cumple su vigésimo aniversario, ofrecieron un repertorio de las marchas más destacadas compuesta por el gran músico jerezano. Concierto que se enmarca en los actos a desarrollar durante este año para conmemorar el aniversario de su muerte así como el de la fundación de la orquesta que lleva su nombre, coincidiendo, también, con los 800 años de la Orden de la Merced, cuyo convento jerezano se encuentra enclavado en un barrio muy unido a la familia Álvarez Beigbeder.

Germán Álvarez Beigbeder (Jerez de la Frontera, 1882-1968), compositor y director, inmerso en el andalucismo musical es quizás el músico más importante que ha dado Jerez. Caracterizado por su gran facilidad melódica y firmeza en la armonía, entre sus obras figuran sinfonías y numerosas composiciones. Militar de profesión, se formó musicalmente en Madrid, también paso por Roma y a su vuelta ya tenía el título de Músico Mayor Militar. Estuvo destinado en África, Ferrol y en la Banda de la Marina de San Fernando. En 1930 dejó el ejército y fundó la Banda Municipal de Jerez que dirigió durante más de veinte años. Fue nombrado Hijo Predilecto de Jerez, una calle lleva su nombre y una placa en la calle Larga recuerda su nacimiento.

            Que este Año Beigbeder, como se le ha venido a llamar, sirva para que las nuevas generaciones conozcan aún más a este músico con mayúsculas que cada año por Semana Santa  nos hace oír lo que vemos y ver lo que escuchamos.
            (Artículo que publiqué en INFORMACIÓN JEREZ el domingo 18 de marzo de 2018 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Germán Alvarez Beigbeder dirigiendo la Orquesta del Conservatorio de Cádiz en el Falla.
 


lunes, 26 de marzo de 2018

HABLA DIOS




“Había pasado todo un año desde aquellas primeras palabras del Cristo en el corazón de aquel joven vecino del barrio y una mañana se encontró con que ya era Semana Santa, el Domingo de Ramos llamó a su puerta y los días grandes comenzaron a vivirse intensamente.  Pasó una semana intensa de emociones cofrades y por fin llegó el día, ya era de nuevo Viernes Santo. A la hora prevista las puertas de la ermita se abrieron, el reguero de nazarenos negros fueron tomando la calle y los pasos se alzaron.

En medio del cortejo penitencial, con cirio, nuestro protagonista bajo el silencio de su antifaz se predispuso a vivir intensamente su primera estación penitencial y sobre todo, en la intimidad de la túnica, quiso vivir momentos intensos donde poder hablar con Dios. A ese Dios crucificado en una cruz de plata que, un año más,  hablaría a cuantos se irían acercando a Él en todas esas calles que ya se disponía a recorrer.

Desde el momento en el que se colocó el antifaz y ajustó el capirote sobre su frente,  ya empezó a sentir algo distinto y especial, es como si Cristo caminara ya valiente y decididamente, pero no solo entre reguero de miradas de personas que estaban expectante para ver  su salida sino que caminaba ya por los senderos ocultos, misteriosos, de su interior, en los que quizás ni siquiera él había pisado antes con tanta fuerza, con tan irresistible imperio. Cristo, el Cristo, antes de que se levantara sus andas, ya empezó a hablarle, a decirle cosas.

El cortejo se puso en marcha y cuando el Cristo salió a la calle, alrededor del crucificado una multitud que llenaba la plaza, cientos de espectadores que formaban el escenario donde el divino Jesús estaba a punto  de morir. Cristo, en su hora final estaba ya en la calle y, lo hacía como hace ahora más de dos mil años cuando a pesar de haber guardado silencio desde su último diálogo con el gobernador romano, ahora desde la altura de la cruz va a abrir su boca, de la que durante años salieron palabras de vida.

Tendría que ahorrar palabras —escribe en su “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret”  el Padre Martín Descalzo— porque ya no le quedaba mucho aliento pero las que dijera tendrían que ser verdaderamente palabras sustanciales, su testamento para la humanidad, palabras como carbones encendidos que no pudieran apagarse jamás y en las que permaneciera no sólo su pensamiento, sino su alma entera, el sentido de cuanto era y de cuanto había venido a hacer en este mundo, el último y el mejor tesoro de su vida y de su muerte”.

Con estas palabras inicié mi Evocación de las siete palabras de Cristo en la cruz del pasado sábado 17 de marzo en la iglesia de San Francisco.

Llega una nueva Semana Santa y después de tantos siglos de aquellos instantes que cambiaron la historia, para los que viven la Semana Santa desde el prisma de la fe, Cristo sigue hablando y habla donde hay caridad y amor, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en cuantos hacen de las palabras de Cristo su bandera en el mundo. Habrá estos días que abrir bien los oídos, nunca sabemos en qué momento podemos sentir llamadas que nos hagan comprender la Verdad de todo esto.
(Artículo que publiqué el pasado Domingo de Ramos, 25 de marzo de 2018, en INFORMACIÓN JEREZ)
 
Fotografía del ayer del Santísimo Cristo de la Expiración.
Arriba imagen del Cristo de la Sed .
 

 

jueves, 8 de marzo de 2018

CALLE PELAYO




          No debe su nombre a la ex alcaldesa de Jerez que ha estado estos días de actualidad al no volver a encabezar la lista del Partido Popular a las próximas elecciones municipales. 

          El historiador Agustín Muñoz nos señala en su libro sobre las calles y plazas de Xerez de la Frontera que fue el 19 de septiembre de 1859 cuando, a propuesta de la comisión respectiva, acordó el Excmo. Ayuntamiento ponerle tan grato nombre, en memoria del insigne rey iniciador de nuestra Reconquista cristiana (D. Pelayo). Calle que baja desde Abades hacía el Arroyo y que ofrecía, hasta hace pocos años, una hermosa visión de la torre catedralicia, hasta tal punto que era uno de lugares preferidos por pintores y fotógrafos dado el bello encuadre que de ella se ofrecía desde su parte más alta.

          Con la construcción de viviendas, promovidas por el Ayuntamiento, hace unos años esa visión se ha visto alterada hasta tal punto que hoy ni la torre puede contemplarse en su totalidad ni la calle mantiene ese sabor islámico que le caracterizaba.

          Ahora que tanto se habla de la recuperación del casco histórico lo primero que habría que cuidar es no alterar la fisonomía original de sus calles y plazas. Múltiples ejemplos inundan nuestro casco antiguo de nuevos edificios donde la funcionalidad prevalece por encima de todo, nuevos edificios que redecoran las señas históricas de la ciudad haciendo perder la propia identidad de calles que, desde siglos, se han mantenido casi inalteradas.

          Para el resurgir de ese Jerez de nuestros orígenes hay que preservar la riqueza cultural, artística y monumental que siempre tuvo. Un pasado patrimonial al que hay que respetar si queremos seguir potenciándolo e inyectándolo de vida antes que se nos muera del todo.

           La calle Pelayo es un claro ejemplo de que no todo vale para recuperar espacios que son, o más bien han sido como en este caso, por su belleza e historia, patrimonio de todos los jerezanos.
            (Artículo que publiqué en el periódico digital MIRA JEREZ el día 7 de marzo de 2018)
 
Aspecto que presentaba la calle Pelayo hace unos años antes de ver alterada su fisonomía tradicional.
 
                                                                                                  

jueves, 1 de marzo de 2018

SANTIAGO Y EL CORO DE LA CARTUJA




          Tal como informamos hace unos días en MIRA JEREZ, hoy, Día de Andalucía, la iglesia parroquial de Santiago del Real y del Refugio mantendrá sus puertas abiertas a las visitas. La exposición permanente estará a disposición de las personas que lo deseen en su horario habitual de 10:30 a 19 horas.
           Por ello a nuestra sección de ¡Mira la diferencia! hemos querido traer hoy quizás la visión que más ha cambiado de este templo en los últimos tiempos. Se trata, sin duda, del aspecto que presentaba su presbiterio hasta hace unos años cuando aún no se había devuelto a la cartuja jerezana su espléndido coro.

          Cuentan los historiadores que en el siglo XVIII la parroquia de Santiago encargó a su feligrés Francisco Camacho de Mendoza un retablo mayor para presidir este presbiterio. Comenzó su construcción en 1750 y concluyendo los trabajos en 1754, año en el que se concertó su dorado. Debería ser impresionante dado que en épocas posteriores donde se despreciaba todo lo barroco se define como “grande y majestuoso pero de pesadísimo gusto churrigueresco”.
           En 1891 se instala en este presbiterio la sillería del coro procedente del Monasterio de la Cartuja y para ello se realizan una serie de reformas en el mismo, entre ellas la desaparición del Retablo Mayor con el fin de que luciera no solo el coro sino también el ábside oculto por el retablo.

          El 1907 se coloca en el centro del presbiterio el baldaquino actual. Donado por Guillermo Garvey y Capdemón, realizado en Roma según diseño del pintor jerezano José Gallego Arnosa.
           Por último en la década de los cincuenta del pasado siglo se retira el coro de los padres cartujos de Santiago y se vuelve a colocar en su lugar de origen, dentro de los trabajos que, en estos años, se venían realizando en el cenobio cartujano tras autorizar en 1941 el gobierno español la cesión en usufructo del Monasterio a la Orden.

          El presbiterio de Santiago adquirió entonces su aspecto actual con el baldaquino enmarcado en el gótico ábside del templo y para la historia quedó tanto aquel majestuoso Retablo Mayor, como el artístico coro cartujano, una de las obras más interesantes del Renacimiento español, realizada entre 1547 y 1552 por los entalladores Jerónimo de Valencia y Cristóbal de Voisín, así como el órgano que despareció con el traslado. ¡Cuántas obras de arte podrían hoy mostrase en Santiago si no hubiera sufrido en su historia tantos traslados y destrucciones!
          (Artículo que publiqué en el periódico digital MIRA JEREZ el 28 de febrero de 2018)
 
El coro de la cartuja jerezana cuando estaba en el presbiterio de la parroquia de Santiago y aún no se había colocado en su centro el baldaquino neogótico.