miércoles, 26 de noviembre de 2014

RANCIO ABOLENGO


 
 
La muerte de la duquesa de Alba ha traído a primera línea de la información todo lo que rodea a la nobleza y la aristocracia. Jerez, la ciudad con más títulos nobiliarios de la provincia de Cádiz, cuyas familias de rancio abolengo hunden sus raíces en el elenco de la nobleza española, ha estado unida a la Casa de Alba por medio de lazos familiares y de relaciones comerciales, en especial en lo que atañe al mundo del campo y sobre todo de las artes.

De rancio abolengo es el Marquesado de Casa Villavicencio, un título nobiliario creado por el rey Felipe V a favor de Lorenzo Villavicencio y Negrón. Esta familia ha estado desde el siglo XIII permanentemente ligada a Andalucía y más concretamente a la ciudad de Jerez de la Frontera. Miguel Fernández de Villavicencio, acompañó al rey Fernando III el Santo en la toma de Jerez de la Frontera, y fue uno de los que obtuvo repartimiento de tierras en su término. Por problemas políticos perdió el señorío de Villavicencio, por lo que se radicó definitivamente en Jerez donde sus descendientes siempre fueron relevantes en la ciudad regentando casi perpetuamente el puesto de Regidor y siendo también Caballero Veinticuatro.

El marquesado de  Casa Vargas-Machuca es otro de los linajes históricos de Jerez. Concedido por Carlos III a Pedro de Vargas-Machuca y Dávila, descendiente del célebre Caballero Veinticuatro de Jerez de la Frontera Diego Pérez de Vargas, que adquirió el sobrenombre de Machuca en el reinado de S. Fernando. Otro, también histórico, es el marquesado de Mirabal, creado por Felipe V para el jerezano Luis de Mirabal y Espínola como premio a los méritos y servicios prestados, especialmente por el desempeño del cargo de embajador en los Estados Generales de Holanda y por el de Presidente del Consejo de Castilla. El Marquesado de Villapanés  fue creado por el rey a favor de Juan Lorenzo Panés y Condan, de origen genovés, naturalizado en 1689 desde Jerez de la Frontera donde ejerció el comercio con América como cargador a Indias.


             También históricos son los Condados de Casares concedido por Fernando el Católico en 1493 a Rodrigo Ponce de León, I Duque de Arcos. El de Montegil que el rey Carlos II otorgó a Bartolomé Benito Dávila y Flores, Caballero Veinticuatro de Jerez o el de los Andes, creado por el rey Fernando VII para premiar la labor desarrollada en el Perú por el virrey José de la Serna y Martínez de Hinojosa, jerezano de nacimiento.

            Títulos nobiliarios muy unidos a nuestra ciudad que, en los siglos XIX y principios de XX,  coincidiendo con los años del esplendor comercial de Jerez, se le sumarían  muchos más: Torresoto, Bonanza, Domecq, Garvey, Real Tesoro, Mochales, Moral de Calatrava, Peraleja, Salobral, Algar del Campo, Almocadén, Bertemati, Bayona, Mérito, Misa, Casa-Pavón, Casa-Bermeja... y tantos otros que marcaron una época de la historia local.

            Jerez conserva aún su elenco de títulos nobiliarios pero ya no demasiado potentes a nivel económico como lo fueron en su época. La imagen de antaño, de unos nobles con privilegios, es ya una foto en sepia, ya que para muchos para lo único que sirve el título es para pagar más impuestos. Frente a la antigua ostentación del rancio abolengo, en estos tiempos el origen noble suele reservarse para el ámbito privado, de palacio para adentro, aunque aquí en Jerez la mayoría de los palacios no solo perdieron hace tiempo su abolengo sino incluso, también, lo poco de rancio que le quedaban.
         (Artículo publicado el pasado domingo 23 de noviembre de 2014 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Boda de abolengo celebrada en Jerez en el año 1922.
 

 

martes, 18 de noviembre de 2014

CASA-MUSEO


 
 
De un tiempo a esta parte, las cosas han cambiado. Las casas y fundaciones han desempolvado sus fondos, han modernizado sus instalaciones museísticas, han puesto al día la gestión de su patrimonio y archivos y se han profesionalizado. La casa se abre a los visitantes para que avancen en el conocimiento de la realidad que atesoran. En muchas ciudades las casas singulares son museos que salen al encuentro de esa misma sociedad a través de rutas que amplían el espacio museístico y se convierten en referentes y focos de irradiación cultural en el ámbito social en que están instaladas.

Por otro lado los tesoros, conocidos así en el ámbito de los edificios religiosos católicos, suelen consistir en colecciones museadas en las que abundan los ornamentos litúrgicos y los objetos de culto de materiales nobles. Con origen en la acumulación de objetos valiosos que ostentó la Iglesia durante la Edad Media, los tesoros proliferaron especialmente en la Europa cristiana, consolidando un patrón museístico de primer orden que encontró acomodo en dependencias tan dispares como criptas, salas capitulares, sacristías, etc. En todo caso, los tesoros se constituyeron como un elocuente método de prestigio de unas órdenes religiosas, de unas diócesis, para la atracción turística, como lugares de peregrinación y, también, para las propias localidades donde se ubicaban.

Hace unos días la Hermandad jerezana del Santo Crucifijo ha anunciado que pondrá en marcha, en su Casa de Hermandad, un museo permanente que enseñará tanto el patrimonio de la cofradía como otros elementos de interés, desde el punto de vista histórico o artístico. No se tratará de un museo al uso o una mera exposición de enseres. Se piensa en una instalación moderna con nuevas tecnologías que introduzca al visitante en el contexto en el que los elementos que verán tienen su razón de ser. Una iniciativa, desde luego interesante, por cuanto supone poder mostrar a los visitantes todo ese tesoro que las Hermandades han ido acumulando, fruto de la Fe y la devoción, durante siglos y que, en la mayoría de los casos solo puede contemplarse una vez al año.

Desde la ciudad de Málaga, que en esto del turismo y los museos de las cofradías ha avanzado bastante, se dice que a diferencia del museo convencional en los museos cofrades  hay que poner al público en contacto con los objetos y en situación de poder asimilar los mensajes contenidos en ellos, sus significados y la trascendencia de los mismos. El patrimonio que se guarda no solo en las Casas de Hermandad sino también en otras propiedades particulares, como mansiones y palacios incluso en entidades culturales merece ser compartido y rentabilizado para el beneficio de todos, jerezanos y visitantes.

La materia prima está, solo es necesario que se articulen las fórmulas para que todas esas casas-museos que actualmente permanecen cerradas al público en general, en atractiva ruta, puedan abrir sus puertas mostrando toda esa riqueza patrimonial que permanece escondida en vitrinas y expositores. En mano de particulares, instituciones y también de la administración está la llave que abra esas casas que son ya de por sí auténticos museos.
 
(Artículo publicado el pasado domingo 16 de noviembre de 2014 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Candeleros y jarras pertenecientes al tesoro de la Basílica de la Merced.
 

 

 

martes, 11 de noviembre de 2014

PARRILLA


 
Lo conocí en la cama del hospital Juan Grande, cuando ya la enfermedad le había hecho aparcar los toques de su guitarra y esas coplas de Nochebuena, por cuya recuperación tanto luchó, empezaban a sonar en los altavoces callejeros.  Aquellas Navidades de hace una década mi padre batía sus últimas batallas y en una habitación cercana a la suya dejaba pasar las horas la genialidad de Manuel Parrilla mientras su guitarra permanecía muda, guitarra de astillas de amor como tantas veces cantara Juan Pardo.

Cada vez que, cruzando el pasillo del hospital, lo veía allí en la cama, en silencio, sin el toque, sin el cante y sin el baile que tantas veces le había acompañado pensaba en lo injusto que es acallar el talento, ese arte singular que solo se da en los escogidos pero que en la crudeza de un hospital  se apaga y se anula como el eco en la lejanía.

Mi amigo Juan Antonio Benítez me tenía al tanto de su evolución, de sus leves mejorías,  de sus avances en la enfermedad pero ¿y la guitarra? Sin la guitarra la figura del artista quedaba mutilada, el último eslabón de una saga de flamencos históricos quedaba incompleto.  Dicen que para el guitarrista la guitarra termina de decir lo que él ya no puede, por eso a aquel enfermo le faltaba voz, acallaba un sonido al que siempre había estado unido.

 Manuel Fernández Molina, Parrilla, tenía entonces 60 años y mucho arte aún que derrochar. Había nacido el 21 de Septiembre de 1945 en la calle Campana de Jerez de la Frontera. Estaba emparentado con el mítico Frijones y era nieto de Juanichi el Manijero, además de sobrino del Sernita y de Tía Juana la del Pipa. Cada vez que lo veía, allí en su habitación, tan callado, tan resignado, no podía dejar de pensar en el artista, en su adorada Paquera, en tantos a los que acompañó como Lola Flores,  Tío Borrico, Terremoto o Sordera. Sus éxitos en el tablao de Los Canasteros, de Caracol o El Duende, de Pastora Imperio y Gitanillo de Triana. Pero sobre todo me acordaba de los villancicos, de aquellas coplas de Nochebuena que escuchaba cantar a mi madre cuando la salita de mimbres de mi casa se transformaba para acoger el Nacimiento y en las ondas de Radio Popular de Jerez empezaba a escucharse aquello de “Manolo, pa cantá”. Parrilla fue clave en la recuperación de los cantes populares de la Navidad jerezana, esas coplas que muy pocos conocían y ahora, gracias entre otros a Parrilla de Jerez, todos cantan.

Cuatro años después de aquellos días que compartimos en el Hospital Juan Grande Parrilla de Jerez nos dejó aunque su toque inmortal aún permanece como perenne recuerdo a su memoria. Esta semana se ha presentado el boceto de lo que será el monumento al genial guitarrista y que estará ubicado frente a la ermita de San Telmo. Fernando Aguado, su autor, ha sabido plasmar la impronta de su arte sumergido en la magia de una guitarra. Una escultura que nos recuerda aquello que decía Andrés Segovia: “Muevan su cuerpo levemente hacia adelante para apoyar la guitarra contra su pecho, la poesía de la música debe resonar en su corazón”.

El artista unido para siempre a una guitarra, aquella que tanto eché en falta en la fría y dura estancia de un hospital. Ahora sí, la presencia de esa guitarra podrá decir lo que él ya no puede.
 
(Artículo publicado el pasado domingo 9 de noviembre de 2014 en INFORMACIÓN JEREZ y al día siguiente en VIVA JEREZ).
 
 
 
Un jóven Parrilla de Jerez junto a su guitarra.
Arriba con su inseparable Paquera.
 

 

 

martes, 4 de noviembre de 2014

RECORDANDO A LOS FOSSORES


 
 
Llegada la festividad de los fieles difuntos vuelven las tradicionales visitas a los cementerios. Es un día muy especial para hacer memoria y recordar, junto con nuestros seres queridos que ya se marcharon, la meritoria labor que durante años realizaron en Jerez los Hermanos Fossores de la Misericordia en el cementerio de nuestra ciudad.

Esta institución religiosa, considerada como una de las más originales surgidas durante el siglo XX en el seno de la Iglesia, tuvo su origen en Guadix en el año 1952 y su fundador se inspiró en el Libro de Tobías (1,16-18) para crear una congregación dedicada a cumplir, de forma específica, las dos últimas obras de Misericordia: enterrar a los muertos y rezar por los vivos y difuntos. El 16 de julio de 1958, sería erigida por decreto episcopal como “Pía Unión”.

La nueva institución religiosa fue acogida con gran interés y admiración por el pueblo de Guadix y, debido a su originalidad e impacto social, la noticia no tardó en divulgarse por otras regiones de España. Pronto llegaron peticiones de distintos municipios que, a medida que se fue nutriendo de vocaciones y formando a sus nuevos miembros, fueron siendo atendidas de forma pausada y razonable. Así, a través de seis años (1953-1969) se fundaron hasta siete comunidades de Hermanos Fossores en otras tantas poblaciones: además de Guadix, entre ellas Jerez de la Frontera.

La de Jerez fue la segunda fundación de la orden y se llevó a cabo el 26 de agosto de 1959. Era Concejal Delegado de Cementerios y Beneficencia Manuel González de la Peña y Reyes que con Juan Pedro Domecq y Díez se pusieron en contacto con la Orden para que vinieran a Jerez, al nuevo cementerio de La Merced.

Agustín Sánchez Díaz,  que fuese delegado episcopal de los Hermanos Fossores de la Misericordia en un artículo publicado en la Revista Amanecer de la Parroquia del Sagrado Corazón de la Estación de Guadix en septiembre de 1959 escribió: “Siempre Jerez fue elegancia y caballerosidad, al Excmo. Sr. Alcalde y a todos cuantos hicieron posible la nueva fundación, siempre les conservaremos uno de nuestros más gratos recuerdos. El prestigio de la noble ciudad, Jerez, su sabia y clásica armonía, su estilo y sus grandes medios de difusión han llevado a la prensa y radio de innumerables países el nombre de la nueva institución”.

Después de 34 años en nuestra ciudad, de cuido del Camposanto, de servicio en los duros momentos de la muerte y de su labor de apostolado, el 25 de febrero de 1993, los Hermanos Fossores de la Misericordia  abandonaron definitivamente el cementerio de Nuestra Señora de la Merced. Con una misa oficiada por el Obispo Bellido en la pequeña capilla del cementerio, como única despedida - ya que ellos no quisieron ningún acto oficial- fray Hermenegildo y fray Tobías dijeron adiós Jerez.

En el Camposanto / como en su elemento / de noche y de día. / Con sol o lloviendo /están los fossores / en perenne asiento / velando los sueños / de los que se fueron. / Por eso yo cambio / de Bécquer los versos / pues no quedan solos / Dios mío, los muertos.

En este mes de los difuntos que ahora comenzamos el recuerdo a los Hermanos Fossores de la Misericordia plasmado en estos versos que publicó fray Tobías con motivo de la despedida. Aquel día, como predecían los versos becquerianos, si que se quedaron un poco más solos los muertos.
(Artículo publicado en INFORMACIÓN JEREZ  el pasado domingo 2 de noviembre de 2014 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Llegada de los Hermannos Fossores a Jerez.


Momentos de la despedida del cementerio jerezano.
 

 

 

martes, 28 de octubre de 2014

CURIOSOS ANIVERSARIOS


 
Son tiempos, estos que corren, de efemérides y celebraciones para distintas instituciones jerezanas. Una de ellas es el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, que acaba de cumplir sus ochenta años de vida y que, con tal motivo, le ha sido concedida la más alta distinción de la ciudad de Jerez, su Medalla de Oro.  Entre los méritos que atesora esta  institución cultural jerezana encontramos su gran número de publicaciones sobre la historia local.

Pues bien,  en una de esas interesantes obras se recoge un manuscrito inédito, del año 1767, sobre las cosas notables ocurridas en Xerez de la Frontera desde 1647 a 1729, cuyo autor es Sebastián Marocho. Documento que poseía Manuel del Calvario Ponce de León  y Pérez de Aldarete y que sus herederos vendieron al señor Duque de T´Serclaes de Tilly. Afortunadamente, antes que saliese de Jerez,  fue copiado por  José Soto Molina y de esa copia se sacaron los textos para la publicación del libro.

Según se dice en su introducción poco se sabe del jerezano Sebastián Marocho, solo que estaba relacionado con la familia Villavicencio ya que en el año 1740 escribe – “Este año se hizo un nuevo cuartel  para caballería en las bodegas de mi señora la marquesa de Casa Villavicencio en las Atarazanas” y que puede referirse a los cascos bodegueros aún existentes tras la antigua mansión de la familia Gordon en la plaza San Andrés.

En su relato de acontecimientos nos habla de que hace 350 años, es decir en 1664, fue la fatal desgracia de los alemanes en Jerez que llegaron en número de mil cuatrocientos para socorro de la guerra de Portugal, se armó tal contienda en la plaza del Arenal que en dos horas mataron los jerezanos a cien alemanes y otros tantos heridos, los de aquí solo murieron tres. Uno de los fallecidos era primo de Mariana de Austria, madre de Carlos II, por cuyo motivo intentó vengar la muerte, principalmente con el Corregidor de la ciudad, mandando un juez, Sebastián Infante, con su escribano que se hospedó en la Cartuja y allí fue a verlo el Corregidor. Hallando en el zaguán al escribano le preguntó desde el coche: “Oye, ¿y Don Sebastián?” “Señor, dentro está- le respondió-. Lo llamaré” ”No lo llame dile que soy el Corregidor de Jerez y que esta es mi casa” ”Señor aguarde V.E.” ”No es menester más” y mandó andar. El escribano avisó al juez, el cual salió corriendo tras el coche del mandatario jerezano, recorriendo media ciudad y viéndose imposibilitado y agotado volvió a su posada dejando al Corregidor libre de causa. Un religioso de San Francisco sacó al Santísimo, sin que su divina presencia bastase a poner término a la refriega.

Otro hecho se produjo en 1715, próximo a cumplir los 300 años ya. Este año entró a ser Presidente de Castilla el jerezano Luis de Mirabal, por Corregidor de Jerez  Miguel Antonio de la Torre  y de administrador de Alcabalas y Millones N. Tortolero. Para el nombramiento de Corregidor el interesado había donado al administrador cuatro mil pesos. Enterado el Corregidor Diego de Herrero que había sido sustituido, le entregó al Rey los mismos cuatro mil pesos más treinta caballos, mandando el Rey que siguiera en el cargo y que Tortolero devolviese lo que le había dado Miguel Antonio de la Torre. Diego de Herrero continuó, por consiguiente, tres años más. En este tiempo se vendían los gobiernos. Hoy viendo el panorama comprobamos que no solo en aquellos tiempos pasaban estas cosas.
(Artículo publicado en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 26 de octubre de 2014 y al día siguiente en VIVA JEREZ)
 
Xeres de la Frontera en 1715.
 

 

martes, 21 de octubre de 2014

JEREZ CON SAN MATEO


 
 
Acabamos de cerrar los actos conmemorativos de los 750 años de la incorporación de Jerez a los dominios cristianos. Tras producirse la toma de Jerez en el día de la festividad de San Dionisio Areopagita (9 de octubre de 1264), según la tradición, la ciudad se cristianiza y sus antiguas mezquitas se hacen templos, San Dionisio, El Salvador y los cuatro evangelistas, San Marcos, San Lucas, San Juan y San Mateo. En aquella mezquita dedicada a San Mateo se levanta posteriormente un portentoso templo que transita de la Edad Media a la Moderna bajo el signo del gótico, en una collación que gozó de una singular pujanza por el crecido número de nobles asentados en ella.

 
          Y cuenta la tradición que en el siglo XVIII, dos adolescentes jerezanos, Juan Rodríguez y Alonso Mateos, junto con otros jóvenes compañeros, se les ocurrió fundar una Cofradía en San Mateo. Estos mozos se buscaron al mercedario Fray Luis Guerrero para que los avalara y con esta idea se presentaron ante el cura párroco que, según parece, no hizo caer la iniciativa en saco roto pues en 1712 se funda la Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo de las Penas en la Parroquial del Sr. San Mateo de Jerez de la Frontera. Solo un año después, un 13 de abril de 1713 los cofrades de San Mateo logran bendecir a su dolorosa, junto al discípulo amado, la Santísima Virgen del Desconsuelo. Y otra año más habría que esperar para que el Señor suplicante de las Penas recibiera el agua bendita por parte del Canónigo de la Colegial jerezana don Martín Real Morales.

 
            Tres siglos hace ya de aquello, trescientos años de fe y devoción hacia unas imágenes que forman parte indiscutible del ser jerezano. Trescientos años en los que el Señor de las Penas y la Virgen del Desconsuelo han derramado sus favores a todos los jerezanos que han acudido a sus plantas, y trescientos años, también, que la ciudad de Jerez con sus gestos y ayudas han sabido responder a cuantas necesidades han surgido desde los viejos muros de San Mateo.

 
            Recordemos el importante reto que supuso para la Hermandad el volver a abrir un templo que había sido víctima de la ruina y el abandono, y el papel tan esencial que supuso para su reapertura la ayuda municipal, un Ayuntamiento que siempre ha tenido las puertas abiertas para esta antigua cofradía tan unida a la historia de la ciudad. La última de ellas es esa capilla del Sagrario que, felizmente, gracias a Dios y también, a la apuesta del Ayuntamiento por el patrimonio local, hoy es ya un recinto sagrado salvado de su desaparición, en el que se están ultimando todos los trabajos de restauración  y próximo ya a su reapertura

 
              No olvidemos que la capilla sacramental de San Mateo fue levantada a instancias de la Hermandad del Desconsuelo, que en 1723 comenzó a construir capilla propia, en el interior de su sede, y cinco años más tarde, concretamente en la festividad del santo titular del templo, se inaugura. En 1727 los dos estamentos, el civil y el religioso, asistieron corporativamente y gozosamente al acto inaugural,   un hecho que se volverá a repetir, próximamente, cuando la capilla del Sagrario de reabra ya totalmente restaurada gracias a la ayuda municipal, gracias al esfuerzo y colaboración de todos, instituciones y pueblo, porque a todos incumbe la conservación y el mantenimiento del rico patrimonio monumental  y artístico que atesoramos. Jerez, una vez más, ha estado con San Mateo.
 
               (Artículo publicado en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 19 de octubre de 2104 y al día siguiente en VIVA JEREZ).
 
 
El Señor de las Penas con las desaparecidas imágenes secundarias.


El Señor de las Penas con los nuevos judíos que realizara Ramón Chaveli.
Al fondo a la izquierda la capilla Sacramental.
 

           

 

martes, 14 de octubre de 2014

SOLEDAD


         

        
          En Jerez, frente a la vieja muralla, en la confluencia de las calles Ponce y Porvera, desde hace 450 años, hay un grupo humano que se reúnen en torno a la Virgen de la Soledad. Allí, en la iglesia de la Victoria, vive la Soledad. Allí se hace presente esa la soledad física que vivió María. Allí está la soledad psicológica, una soledad que proviene del darse cuenta de que la mayoría no ha captado la necesidad de la muerte de un hijo para un bien común. Es una soledad que se llenó de hostilidad por parte de muchos que seguían viendo con malos ojos a cualquiera que hubiera formado parte del grupo que  acompañaba al hijo de sus entrañas, esa misma soledad psicológica que sintió su hijo frente a la multitud de gente a quien curó.  

 En la Victoria se vive, también, la soledad espiritual, esa soledad de tantos que se han acercado a las plantas de la Virgen para pedir consuelo a sus necesidades, esa soledad que experimenta el alma frente a Dios, cuando parece que Dios nos abandona y nos deja solos frente a nuestros problemas y angustias; la soledad de quien sabe, en los momentos de desesperación, que sólo Él y nadie más que Él puede ayudarnos. También María experimentó esta soledad espiritual ya que tuvo que enfrentarse sola a la responsabilidad de ser madre y sus consecuencias. A la ignominia de ser madre de un ajusticiado.

           Y por último, en la iglesia de la Victoria, aún late una soledad ascética. El ascetismo es el clima interior que consigue el alma, como fruto del esfuerzo personal de aislarse de las personas, acontecimientos, cosas, gracias al desprendimiento, recogimiento y el sacrificio. Esta soledad no es aislamiento infecundo, por despecho del mundo; sino posibilidad para un encuentro más íntimo. Es la soledad de esos frailes, seguidores de Francisco de Paula, que tuvieron que abandonar el convento o de esas religiosas Mínimas que hoy custodian la primitiva Virgen de la Soledad y que han optado por una vida consagrada. Soledad ascética con Dios como única compañía invadente y profunda. Una soledad llena de paz para transmitirla a los demás; llena de luz y consejo para iluminar tantas conciencias.....

 Decía Teresa de Calcuta que sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de soledad, pues, en Jerez, el templo de la Victoria ha sido, durante 450 años, un sanatorio de amor con unas manos generosas agarradas al clavo que simboliza la soledad. Un hospital que ha curado soledades durante siglos. La soledad de aquellos cuerpos difuntos que quedaban desamparados y que los hermanos de esta cofradía daban cristiana sepultura desde los comienzos del siglo XVII. La soledad de aquellos niños acogidos en la Casa Cuna de la calle Francos y que la Virgen visitaba a principios del siglo XX cada Viernes Santo. La soledad de tantos que han acudido a la Victoria buscando un empleo implorando al Señor de los Trabajos y a la Virgen de la Soledad. Soledades ante un retablo cerámico gastado por el paso del tiempo y por el peso de la Fe. Soledades de unos padres aferrados al pañuelo de la Virgen implorando siempre la salud deseada.

En iglesia de la Victoria de Jerez habitan, de forma continuada, 450 años de la historia de la ciudad junto a la Madre y Señora Soledad, porque la soledad es paz que nos abraza en todo momento y nunca nos abandona, esa es su grandeza.   

            (Artículo publicado en INFORMACIÓN JEREZ el pasado domingo 12 de octubre de 2014)


Fotografía antigua de la Virgen de la Soledad en su paso de palio.