miércoles, 2 de noviembre de 2011

LAS ÁNIMAS DE JEREZ

Retablo de Ánimas de San Miguel
           
            EN LA FESTIVIDAD DE LOS FIELES DIFUNTOS

Es el mes de noviembre el mes de las Ánimas, de esos seres que no se ven pero que, por cualquier circunstancia, sabemos que existen, porque han estado con nosotros y nos perdura su presencia, por la cultura de la muerte, por costumbre o por creencias.

Lo cierto es que desde la antigüedad el recuerdo a los difuntos ha influido no solo en la sociedad y en sus hábitos, sino también en el arte tanto civil como religioso. Nuestras iglesias jerezanas están llenas de alegorías de la muerte y del culto a las llamadas Ánimas del Purgatorio, son excelentes los retablos de Ánimas de San Miguel o de San Lucas, ambos del siglo XVIII, con valiosos relieves atribuidos a Francisco Camacho de Mendoza o el similar que se encuentra en la Catedral tras el cierre del cementerio de Santo Domingo a donde fue trasladado desde el desaparecido convento de la Vera-Cruz y atribuido, también a Camacho de Mendoza; de igual estilo es el San Mateo, ubicado en la capilla de los Torre-Gaitán y obra de Matías José Navarro. Pictóricos son los de Santo Domingo situado en la capilla del Cristo de la Salud, el antiguo de la Catedral, el de las Angustias, el del Carmen de Rodríguez de Losada, el desaparecido de San Pedro, y el que se encontraba situado en la actual capilla de San Dimas de San Juan de los Caballeros.

Existieron Hermandades de Ánimas en Santiago, en San Agustín, en la Victoria y en la Merced, que tendrían, igualmente, sus respectivos retablos, hoy desconocidos.

Nuestras iglesias están llenas de enterramientos y capillas sepulcrales, numerosas viviendas se levantan sobre antiguos cementerios, la misma fisonomía de la ciudad está llena de recuerdos de personas fallecidas, monumentos, lápidas, memoriales, etc., nos acercan a quienes se fueron.

Todo, ello es muestra del recuerdo a los que pasaron por la vida o del culto dedicado por los fieles para la salvación de las almas, con la veneración a esas Ánimas benditas. Pero existen otras ánimas, con minúsculas, esas que no se ven pero se hacen notar, esa ciudadanía fantasma que como diría el afamado abogado y escritor Juan Delgado Alba, debieron nacer bajo un eclipse de luna porque para ellos nada está claro, son esos espíritus que circulan por la ciudad sin apenas verse, pero intentando asustar, lo mismo desde el anónimo correo, desde el escondite más impensable, que desde el difama que algo queda. Son las ánimas de Jerez, esos fantasmas que nadie ve pero que se sabe que existen porque nos llegan rumores de lo que han dicho o más bien lo que han criticado, son los fantasmas de siempre, infelices por no haber conseguido la gloria, quemándose en sus propias frustraciones, son los que sólo le interesa lo oscuro, lo negativo, lo que está mal o puede dañar a alguien, son lo que lo positivo dejaron de interesarle desde que se dieron cuenta que eso beneficia a otros, son los cronistas de lo negro, los censores impertinentes, los críticos a ultranza, los que le apasiona lo que salió mal o nació torcido, los coleccionistas de fallos, los sabios en sombra, ricos en malicia, posesos de su verdad frente a la de los demás, los fantasmas de ultratumba que se lamentan de su inconformismo desde la oscuridad, desde el Purgatorio de sus propias contradicciones.

Quizás estas ánimas del Purgatorio jerezano también merezcan su altar para que el coro de necios reidores le rinda el debido culto e imploren su salvación, para que no se les recuerde, al final de sus días, con el mismo epitafio que una esposa desesperada escribió sobre la tumba de su marido: "Ojalá goces de la misma paz en el cielo, que paz has dejado en la tierra al marcharte".

Mientras tanto quedémonos con las Ánimas de nuestros retablos y lo que ellas representan que, de seguro, tienen mucho más valor y dejemos que esas otras ánimas sigan actuando desde la oscuridad porque para que la luz de la verdad brille es necesario contrastarla con la sombra.
(Artículo publicado en Información Jerez el 3 de noviembre de 2005)
Desaparecido retablo de Ánimas del templo de Santo Domingo que, hasta la reforma del interior del templo, se encontraba situado en la nave de Consolación. La pintura pasó posteriormente a ubicarse en la capilla de San José, hoy de la Virgen del Rocío, y de allí a la capilla del Cristo de la Salud, donde se encuentra actualmente.



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